martes, 1 de noviembre de 2016

JUEGOS DEL AYER





JUEGOS DEL AYER

Ya no podía llamarse escuela. Los cristales rotos, el polvo y la ausencia de puertas habían convertido en ruinas el escenario de su infancia. Ya no olía a mañanas de tiza ni a tardes de trabajos manuales.
Puso otro rollo de película y accionó el viejo proyector. Los cambios de luz llenaron el aula; risas y canciones infantiles regresaron a su vida sin miedo y el paladar de los recuerdos volvió a llenarse de sabor a patio de recreo.
Los niños de ahora no saben aprovechar la infancia como los de antes.
Él los enseñaría. Les obligaría a ver aquellas películas hasta que aprendieran a ser niños como es debido.
Giró la cabeza hacia los pupitres que se iluminaban por la proyección. En ellos, niños sentados. Con las gargantas abiertas al aprendizaje. Con los cuerpos mutilados por los juegos desperdiciados y los ojos, sin vida, fijos en la lección que debían aprender.




TRES MONUMENTOS A MI AGONÍA




TRES MONUMENTOS A MI AGONÍA

Siempre viví distanciado de mi familia, perdido entre caminos que me alejaban del hogar. Ahora, en mi muerte, estoy más cerca de mis seres queridos de lo que lo he estado nunca. He ahí mi maldición.
En uno de aquellos viajes de trabajo, en uno de aquellos caminos oscuros, mi cuerpo encontró la muerte. Hoy, mis huesos permanecen sepultados, enredándose entre las raíces de un viejo roble que vigila el paso de las estaciones, y mi alma ha sido exiliada del cobijo de la tierra para cumplir la condena que le ha sido impuesta.
Mi cuerpo redivivo, frío, lívido y despojado de lo que una vez me hizo humano, vaga sin remedio por el que en vida fuera mi hogar, atisbando tras los cristales en espera de que la complicidad de la luna me permita mostrar mi verdadera naturaleza. No hay muerte más negra que la que obliga a ver la vida... y a arrancarla. Y a maldecirte… Y a que te maldigan.
Abomino el banquete que me está destinado y, sin embargo, sé que es inevitable. Es el precio que tengo que pagar por codearme con demonios y espíritus… aunque el alimentarme de mi propia sangre me convierta en un espectro más detestable que todos ellos.
Mi hermana fue la primera en nutrir mi pálido cadáver andante. Sonreía en su lecho, quizá soñando con lo que una vez compartimos en nuestra infancia o sumergida en el placer que aquella visita a su familia política le había proporcionado. Siempre estuvimos muy unidos, por eso mi esposa se convirtió en hermana más que cuñada y mi hija en casi una para ella. Le estaré eternamente agradecido por cuidarlas y acompañar su soledad durante mis largas jornadas de ausencia.
Por eso, mis lágrimas se precipitaron sobre su cuello antes de que mi boca lo mordiera. El color huyó de sus mejillas y el aire emergió de sus pulmones por última vez. La vida se le escapó con aquella sonrisa dormida, sin apenas darse cuenta de qué o quién la alejaba del mundo de los vivos.
La sonrisa de mi hermana fue el primer monumento a mi agonía.
Pero lejos de ser suficiente, la maldición que había animado mi cuerpo muerto, exigía más derramamiento de sangre… de mi propia sangre. El fluido que mantenía vivos a mis seres queridos era el único alimento que mi alma corrompida toleraba, el único banquete que me estaba permitido.
El segundo monumento a mi agonía lo encontré en la mirada de mi esposa. Sus ojos me mostraron el paso que su alma acababa de dar, cómo todo el amor que albergaba pasó a postrarse a disposición del demonio, su nuevo señor.
No puedo transmitir en palabras lo que sentí. Justo cuando mis dientes se clavaron en su piel, sus párpados se abrieron para que yo pudiera ver, como en una tortura cruel, la metamorfosis que sufrió con su último aliento de vida. Me vio. Estoy seguro de que me vio antes de morir y ahora mi alma se estremece al pensar que pudiera reconocer en aquella visión lívida al amor de su vida, al compañero con el que tanto había compartido. Me atormenta pensar que con aquel último parpadeo pudiera descubrir las promesas que nunca llegué a cumplir y la degradación que había sufrido mi ser mientras ella esperaba mi regreso. Su sangre me supo dulce, como siempre había sido su persona. ¡Cómo he llorado aquella despedida tan poco merecida por mi amada!
Y aquí estoy, una noche más, esperando satisfacer a mi alma con el último sacrificio impuesto. El más temido y el más doloroso.
La veo rezar sus oraciones antes de buscar el cobijo de las mantas. ¡Cuánto le ha crecido el cabello! Recuerdo cuando, en mis regresos, era lo primero que llamaba mi atención. Iba aumentando su longitud inexorablemente, como un recuerdo sutil del correr del tiempo que no había pasado a su lado. Ahora, recoge su brillo dorado en un par de trenzas que me gritan los meses de ausencia definitiva y las caricias que han muerto en mis manos sin que ella las disfrutara.
Mi niña.
Mi sangre… Mi maldición… Mi condena.
Cuando aquel desconocido se interpuso en el camino y me habló de eternidades, no supe entender la crudeza de sus palabras, la profundidad de su significado. Aún ahora mi entendimiento conserva confuso el momento en el que mi voluntad y mi vida pasaron a convertirse en muerte. Como si aquella figura pudiera dominar mis sentidos con su sola presencia. Mi capacidad de discernir o tomar decisiones quedó anulada o, simplemente, desapareció. No consigo encontrar otra manera de explicarlo. No la hay. Lo siguiente fue el miedo, la oscuridad de mi tumba, el olor a podredumbre, la levedad de la muerte en mis movimientos y sus palabras resonando en mi cerebro con la fuerza de una sentencia ineludible.

<< Sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver del sepulcro será exiliado.
Vagarás por el que fuera tu hogar,
a media noche, la fuente de la vida secarás.
Tus víctimas, en el demonio a un señor verán.
Debes acabar tu obra ¡monumento a tu agonía!
Luego, a tu lóbrega tumba caminarás.
Ve, y con demonios y espíritus delira. >>

Su respiración se tranquiliza por el sueño y mi lividez atraviesa la ventana. Está tan dormida, tan en paz… tan frágil… tan mía. Mis dedos se entretienen, retrasando el momento de mi tortura y deshacen las trenzas que recogen sus cabellos. Libres y despeinados como cuando eran tirabuzones alisados por mis caricias. No puedo retrasar más el instante final de mi condena y mis lágrimas se mezclan con la sangre que mana de su tierno cuello. Sangre de mi sangre.
Mi niña abre los ojos y el tercer monumento a mi agonía cae sobre mí con todo el peso de la culpa. Mi corazón se prende en llamas que lo consumen y mis huesos se estremecen allá en su fosa.
—¡Padre!
El sonido de su voz me perseguirá durante toda la eternidad.



Basado en el poema “El giaour” de Lord Byron



jueves, 2 de octubre de 2014

CALABACINES EN EL ÁTICO




Ya se puede leer lo nuevo de Saco de huesos ediciones: "Calabacines en el ático: Grand Guignol". Una antología de micros, compilada por Santiago Exímeno, en la que participo con un relatillo y que podéis descargar completamente GRATIS desde la web de la editorial.

Os dejo el enlace para la descarga AQUÍ

Y aquí, la lista de 33 autores que conforman la antología:
  • Aprendiz de sastre, María Posadillo Marín
  • Belleza interior, Esther Galán Recuero
  • Caperucita roja, Anaïs Bahillo
  • Cita a escondidas, Marina Tena Tena
  • Crimen das une maison de fous, Sergio Moreno
  • Curiosa, José Manuel Fernández Aguilera
  • Dulce Abigail, Claudio Amodeo
  • El día del padre, David Calvo
  • El gabinete del dentista, Miguel Chamizo
  • El teatro de la vida, Edgar Sega
  • Es mi papá, José Aº Reyero, jarch
  • Estilismo, Nacho Echevarría
  • Hambre, Raúl. S. Vindel
  • Hoodoo Voodoo Show, Salomé Guadalupe Ingelmo
  • Inspiración, Nuria C. Botey
  • Juego de niños, Álvaro Morales Collazo
  • L´enfant terrible, Rubén Giráldez González
  • La buena cocina, Leonardo Dolengiewich
  • La vieja gloria, Ángeles Mora
  • Libreto del bosque mudo, Sergi G. Oset
  • Madre ausente, Fernando López Guisado
  • Matrícula de horror, Manuel Osuna
  • Matrioska, Raúl Gómez Lozano
  • Navidades macabras, Virginia S.V. Riesco
  • Nino, Jesús Ayuso
  • Placer, sentido, culpa, complacencia, desidia, Pablo Loperena
  • Prevención, Javier Jimeno
  • Resurrección, Julián Sánchez Caramazana
  • Rodaje, Ricardo Cortés Pape
  • Sesión infantil, Cristina Arias
  • Triple bendición, Miguel Martín Cruz y Gema del Prado Marugán
  • Último pase, Sergio López Vidal
  • Un mal trago, Jose Alberto Arias Pereira



martes, 29 de abril de 2014

MICRO PREMIADO

Este es el micro que ha resultado premiado, en segunda posición, en el concurso que la feria del libro montó en twitter con el hastag #HFLrelato 





MI MAMÁ ME MIMA


Papá hace mucho que se fue pero, todas las noches de Navidad, encuentro sus besos dentro del calcetín que cuelga de la chimenea.

lunes, 24 de marzo de 2014

HASTA SIEMPRE, PRINCESAS



Vuelvo a  la carga con esta fantástica antología que ya está a la venta en las librerías.

" De Juana la loca a Janis Joplin. De La Mona Lisa, a Elizabeth Bathory. De Medusa a Mata-Hari. De Eris a Morgana… «Hasta siempre, princesas» en una colección de relatos en los que la mujer —representada por una diversa gama de personajes cruciales tanto en la historia, como en el folclore— es la protagonista. Venganzas, suspense, terror, narraciones históricas, revisiones de mitos… Fantasía y realidad unidas de la mano para conformar un viaje a través del tiempo y la imaginación. Un viaje en el que la única premisa es la fuerza y la garra del equivocadamente conocido como “sexo débil”."

Como veis, mi relato está estupendamente acompañado por un puñado de autores que darán muuuucho que hablar en esto de juntar letras.

1. La venganza eterna (Ángeles Mora)
2. La mujer con alma de cuervo (Rebeca Gonzalo)
3. El celo trastornado (Gervasio López)
4. La portadora del mal (Manel Güell)
5. Las dos muertes de la espía (Cristobal Sanchez Morales)
6. La señora de las manzanas (Ana Morán Infiesta)
7. Los fantasmas del pasado (Juan Ignacio Vidal)
8. La elegida de Amón (Beatriz Troitiño)
9. La dama carmesí (Tony Jiménez)
10. La vieja Pata de Hueso (Juan Angel Laguna Edroso)
11. La prueba de la serpiente (Elena Montagud)
12. El corazón solitario (David Gómez)
13. La voz del viejo Mississipi (Luisa Fernández)
14. La reina de la tierra (Anna Morgana Alabau)
15. Los ojos de piedra (J.L Cantos) 
16. La Francia de los cinco años (Pedro Moscatel)


Su venta está disponible en la web de la Editorial Libralia, AmazonCasa del libro, Agapea y muchas más, así que no hay excusas para no hacerse con él ^^