
martes 22 de diciembre de 2009
SUEÑOS...

sábado 12 de diciembre de 2009
PESADILLA EQUIVOCADA

Mañana volverás a entrar por esa puerta, con ojos cargados de la misma ansiedad y un corazón que latirá desbocado martilleándote las sienes. Cerrarás la puerta sin hacer el menor ruido y te sentarás en el sofá esperando a que tus pupilas se acostumbren a la penumbra que reinará en la sala.
Tu respiración agitada interrumpirá tus palabras y te pediré, con voz pausada, que intentes serenarte. Cruzarás la pierna derecha sobre la izquierda, estirarás tu falda hasta que oculte tus rodillas y respirarás hondo dos veces antes de romper a llorar. Sacaré del bolsillo de mi americana un pañuelo bordado con mis iniciales y tus lágrimas lo mancharán de maquillaje.
Con manos temblorosas sacarás de tu bolso una botella de agua y darás pequeños sorbos que lograrán tranquilizarte.
Me contarás tu sueño, esa pesadilla que atormentará tus noches como un bucle diabólico del que no consigues escapar.
En lo recurrente de tu sueño correrás por un pasillo largo y oscuro repleto de puertas que nunca se abren… ni se abrirán. Con lágrimas en los ojos me contarás que notas una presencia que te persigue y que no hay llanto o súplica que la conmueva ni gritos que traigan ayuda para tu suerte.
Mañana despertarás de tu pesadilla, te vestirás, apresurada, con la misma falda del día anterior y entrarás por esa puerta esperando que yo te escuche y que mi título de doctor te otorgue una solución.
Me pedirás el secreto para tener control sobre tus sueños, para poder abrir una de esas puertas que te libere de tu tormento.
Te diré que no puedo hacerlo… y confesaré la verdad aún sabiendo que acabará con tu cordura.
Te convencerás de que tengo razón y de que la pesadilla nunca dejará de repetirse porque, en realidad, yo siempre he sido el sueño y tu vida real es ese pasillo sin escapatoria.
domingo 29 de noviembre de 2009
EL ESPECTADOR

Y cuando dio comienzo, aquel pequeño personaje dejó caer su caña mientras él colgaba de la luna.
La pesca había sido mala, ningún cometa quedó preso en su anzuelo de plata, pero aún así, su ocupación favorita le había recompensado: tenía asiento de primera fila para el espectáculo que todos esperaban.
Aquel viejo planeta azul, viejo y desgastado, se convertiría en una maravillosa bola de fuego para iluminar el universo antes de desaparecer para siempre.
Un último brillo, una despedida que la galaxia pudiera recordar de forma espectacular.
Todos los ojos de aquel pequeño personaje se abrieron de par en par para observar la belleza que encerraba aquella explosión.
Cuando todo desapareció, su sonrisa se apagó igual que aquel planeta, dejando en la galaxia un silencio absoluto.
Se levantó volviendo a recoger su caña. Sí, la Tierra siempre había sido un mundo peculiar y así permanecería en el recuerdo.
sábado 14 de noviembre de 2009
UNA NOCHE MUY LARGA
Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí, impasible, inmóvil ante los acontecimientos que le rodeaban, como si durmiera en la certeza de que nada de aquella vida podía mellar su tranquilidad.
Eloy despertó al dolor de cabeza y miró extrañado aquella mole, sin estar muy seguro de quién de los dos había equivocado el lugar donde dormir.
Porque el dinosaurio dormía ¿verdad?... ajeno al niño que le amenazaba con su pala de plástico o a los turistas que le ofrecían monedas como tributo de agradecimiento a la decoración de aquella playa.
Eloy lo miró con desconfianza y vomitó los excesos de la noche anterior sobre la arena.
_ si a ti no te importa todo este bullicio, yo podré soportarlo.
Cerró los ojos y volvió a dormirse. La playa era lo suficientemente grande para los dos.
domingo 8 de noviembre de 2009
EL JUEGO DE LA PIEL

De la noche a la mañana, los colores ya no existían y la oscuridad se sumó a nuestro juego... al juego de buscarnos sólo con la piel.
Nuestras miradas se esconden para descubrir el calor de una sonrisa que no se anuncia, el sabor de un beso que llega por sorpresa, el olor de una caricia que nos viste la piel y el sonido de un te quiero que, por primera vez, no nos sale de los ojos sino de la plenitud del alma.
Ahora los colores nos asaltan en el sonido de la brisa y nos saludan desde el eco que se enreda en nuestras palabras.
Juguemos a cerrar los ojos.
Juguemos a vernos sin la necesidad de mirarnos.
