domingo, 26 de abril de 2009

GEMELOS


Quiso el destino azaroso, cruel y perverso convertir el seno de una madre en un crisol inexplicable de caracteres y aptitudes que ni el más sabio de los estudiosos ha sabido nunca dar esclarecimiento alguno.

De la misma simiente y del mismo seno vinieron dos hermanos gemelos tan dispares entre ellos como el musgo y la espadaña.

Igual que estas dos plantas sólo tienen en común el reino vegetal al que pertenecen, los hermanos sólo tenían como vínculo de semejanza personal: pertenecer a la especie humana.

Uno era todo un sátrapa, hombre sagaz dónde los hubiera que demostraba gobernarse con una astucia y una inteligencia que sobrepasaba el entendimiento de los sabios que lo estudiaban.

El otro personalizaba la otra cara de la moneda. Un ceporro, la persona más torpe e ignorante que pudiera imaginarse cualquiera. Hasta el habla era disonante, una verdadera cacofonía que se oía confusa e inarmónica frente a la combinación perfecta y elocuente de los elementos, de las palabras que su hermano usaba en su oratoria para transformarlas casi en arte.

Tal era la diferencia entre la utilización del seso de ambos, que hasta un simple diagnóstico médico se veía condicionado por semejante rareza: mientras uno padecía una vulgar diarrea, al otro le era diagnosticada con la palabra obradera.

Pero, a pesar de las diferencias abismales, lo que traía de cabeza a los sabios que se enfrentaban al caso, era que ambos hermanos disfrutaban de un contubernio perfecto, como si fueran dos piezas que encajaban a la perfección. Dos partes complementarias que formaran un todo sublime.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Algo que decir? Adelante estás en tu casa.