viernes, 24 de abril de 2009

UN MOMENTO PERFECTO


Inés miró la fotografía, algo turbia y borrosa y, como no, castigada por el paso del tiempo, teñida con esa pátina amarilla que cubre los colores para recordar que el blanco ahora es sepia porque todo pertenece al pasado.
Cientos de pequeñas líneas llenaban la imagen… las grietas del tiempo, la huella del olvido.
Sólo aquel recuerdo sobrevivía, recordando una fuerza paralizada en el papel, una historia que nunca llegó a ser, una fotografía en la que el tiempo había marcado las señales que ellos nunca vieron.
La mano de Inés tembló ante el contacto del papel amarillento. Tal vez por la emoción, tal vez por el peso de los años.
La imagen mantenía intacto el momento que había dejado de ser pero que una vez fue… con intensidad vivida, con la fuerza de una juventud que, inconsciente, no piensa que un día dejará de ser. El deterioro no ha sido capaz de restar brillos a sus miradas, de arañar la determinación de su forma de verse, porque en aquel momento paralizado en el tiempo habían aprendido a verse sin mirarse siquiera, sin temor al tiempo que acabó separándolos, a los porqués que acabaron torturándola, al mundo que los acabó olvidando.
Aquel instante se evaporó y ahora ya no quedan lágrimas para llorar lo que no vivieron.
El momento había sido perfecto y, sin embargo, el beso esperado nunca llegó.
Inés miró alrededor buscando todos aquellos retazos de su propia vida. Los juguetes de su infancia, las cartas de su adolescencia, la ropa de su juventud… y después… su traje de novia, la cuna donde habían dormido sus hijos, los trastos que atesoraba desde la muerte de su marido.
Allí estaba la huella de todo lo que había tenido pero lo testarudo de su vejez se empeñaba en embelesarse con aquella foto amarilleada: el recuerdo del beso que nunca tuvo.

2 comentarios:

  1. Bonito, maravilloso, creo que todos tendremos alguna vez en nuestra vejez, sino una foto amrillenta, sí el recuerdo amarilleado también, de aquel beso que nunca fué.
    Qué profundo y qué verdad.
    Begoña Ruiz.
    Saludos Angeles. Es un gusto leerte.

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  2. Yo soy de los que tienen una cajita llena de objetos inútiles que, una vez al año, cuando recojo mi habitación, me gusta sacar y mirar. POr eso me gusta esta entrada.

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