jueves, 28 de mayo de 2009

HOTEL DE PASO


Se asomó a la ventana y el jardín quedó ante sus ojos, aún medio dormido, con las gotas de rocío absorbiendo el calor del sol y las flores esperando un poco más para mostrar su espléndida exuberancia natural. Minúsculo pero intenso, como si aquel pequeño trozo de naturaleza fuera suficiente para hacer olvidar al visitante que se encuentra lejos de su hogar y que el pedazo de mundo que pisa ahora no es más que una estación de tránsito en su viaje.

Su maleta posada en el suelo y apoyada contra el lateral de la puerta de acceso, sin deshacer aún, corroboraba esa vaga sensación de ingravidez y de eventualidad en su permanencia allí. Había huido de muchos sitios como aquel con anterioridad, por el miedo de echar raíces y contradecir su afán de búsqueda. Una búsqueda que presentía que nunca finalizaría verdaderamente. Ni siquiera la belleza de aquel paraje natural podía aplacar en él, el fuego de ese sueño aún por cumplir. A menudo sospechaba que en esa búsqueda su fin último era precisamente el de encontrarse a sí mismo. Un hombre cuya vida dio un rumbo inesperado en uno de sus viajes a la sabana africana. Había pasado ya tanto tiempo… Las nieblas de lo que no se quiere volver a revivir cobraban fuerza y habían emborronado en la memoria el recuerdo de aquellos días, o al menos habían atenuado el dolor.

Ya desaparecida la ilusión de antaño, la maleta conservaba aún el polvo acumulado en sus cerrojos. Parece que no será abierta tampoco en este lugar. No recuerda las casas que lleva visitadas, pero sí las palabras de madame Musset cuando partió del Chad. "Cuando el sol levante, disiparás tus tinieblas y hallarás la puerta a tu destino".
La Dra. que trabajó con él en aquellas tierras parecía conocer más de la verdadera razón que le llevó hasta allí tras recorrer medio mundo, y un día antes de morir a causa de las fiebres, le dio el nombre de una calle en Londres, no recordaba el nº pero sí el jardín, y le dijo aquellas palabras dándole una llave.

A punto estaba de desistir y disculparse ante los inquilinos, que aun entre dormidos y extrañados por tal visita permanecían abajo en el salón, cuando el sol permitió ver por entre la penumbra escarlata, al fondo del jardín, una puerta que la hiedra no logró esconder del todo.
Todo parecía encajar, no sabía exactamente que buscaba pero aquel jardín coincidía exactamente con la descripción de madame Musset. Metió la mano en el bolsillo y apretó con fuerza la llave.

Jugueteó con ella algunos segundos hasta que por fin se decidió. Se acercó despacio hacia la puerta, apartó las ramas que cubrían la cerradura e introdujo despacio la llave, la giró sin dificultad hasta que escuchó un pequeño sonido metálico y la puerta se abrió hacia dentro lentamente emitiendo un ruido metálico a causa de las bisagras oxidadas. Empujó la puerta, agarró su maleta y cruzó el umbral. La imagen que apareció ante sus ojos lo dejó de piedra, se le resbaló la maleta y ésta, cayó al suelo abriendo sus cerrojos y desperdigando el contenido por la tierra. Una anciana se balanceaba con calma en una vieja mecedora y le sonreía.

-Te estaba esperando, has tardado mucho.

Nervioso y mudo de la impresión, recogía sus escasas pertenencias sin quitar la vista de aquel rostro surcado de arrugas.

_ No te preocupes, ya no necesitarás todo eso.

Con movimientos casi etéreos, la anciana abandonó la mecedora y le tendió la mano. Su tacto era cálido, firme, y su voluntad su rindió ante su contacto.

Sus pasos se acompasaron y el jardín dio paso a una inmensa llanura donde no había absolutamente nada… mirara donde mirara el vacío lo ocupaba todo.

_ Esto es lo que has estado buscando toda tu vida: tu propio lugar.

La anciana tenía razón, era lo que había buscado durante sus vagabundeos… sus viajes, sus miedos a echar raíces, su abandono a las personas que iba conociendo… todo por encontrar su lugar en el mundo, un lugar donde sentirse él mismo sin miedos que lo ataran al lugar equivocado. Pero nunca había imaginado que fuera un desierto en medio de ninguna parte.

La anciana sonrió como si hubiera leído sus pensamientos.

_ Créalo a tu medida. Aquí tendrá cabida todo lo que no permitiste que entrara en tu vida. Comienza a llenarlo con tus recuerdos felices, decóralo con las palabras que siempre quisiste decir, rodéate de todo aquello que no te atreviste a aferrar en vida… tienes toda la eternidad para crearte tu propio cielo.

Cuando se giró para mirar, la mujer había desaparecido.

Todo lo que alcanzaba a ver era su cuerpo inerte sobre una cama de algún hotel perdido en cualquier parte.



Me ayudaron a montar esta realidad: Sechat, Nínive y Oski Gracias a los tres.

10 comentarios:

  1. Me halagas y me asusta un poco, es un compromiso continuar tu historia, pero prometo al menos intentarlo. Tengo que pensar a quién le digo que lo continue, claro, porque yo ya había iniciado mi cadena ji, ji

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  2. Cuando huimos siempre acabamos encontrándonos con nosostros mismos, da igual donde vayamos o de donde vengamos.
    Y la mayoría de las veces siquiera deshacemos las maletas, por algo será....

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  3. Los hoteles son tan impersonales...
    Nunca la maleta es demasiado grande para todo lo que necesitamos. Notamos sus carencias y sus superficialidades, que son las que hacen que nos pesen.
    Las maletas son un poco como la vida.
    Precioso relato.
    Un abrazo

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  4. Precioso relato que me ha dejado enganchada...volvere...

    besitos

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  5. La verdad es que la historia, con el enfoque que le han dado Ninive y Oski pedía que se alargase más allá de los cuatro párrafos. Me parece que el resultado es formidable. ¡Genial! Y un placer leeros y participar en esto.

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  6. Plas, plas, plas.
    Aplausos a los tres.
    Saludos.

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  7. Me ha encantado participar de esta experiencia!
    Desde el instante en que se asoma a la ventana las palabras inician su recorrido por el laberinto hasta dar con la vida y empezar de nuevo. :)
    Ha sido genial,un placer igualmente!

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  8. Me ha gustado mucho. Es genial ver como tres personas se logran compenetrar, para crear una historia tan buena.


    Un saludo

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  9. ¡¡¡Hemos sido cuatroooo!!!! jajjajajja

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