jueves, 10 de septiembre de 2009

EL RELOJ


Aquel antiquísimo reloj de pared exhaló su último tic tac; el silencio se hizo insoportable porque le gritaba la confirmación de un nuevo fracaso.
Aquél tampoco era el reloj que buscaba, no contenía el tiempo en su interior.
Llevaba años perfeccionando el arte de elegir el segundo adecuado para detener el avance de las agujas de forma irremediable. Sabía cómo manipular el mecanismo para arrancarlo de la misión que lo había creado.
Ante su contacto magistral cualquier reloj dejaba de serlo, olvidaba para lo que había sido creado y el tiempo y su medida dejaban de ser importantes para sus ruedas y engranajes.
Pero aquél había resultado ser uno más, uno de tantos que acortaba sus esperanzas y le alejaba de sus sueños.
Quizás fuese el único ser humano que mantenía la fe en la realidad que ocultaba el cuento que su abuelo, relojero de los de antes, le había contado susurrando palabras que contenían un secreto guardado por todos los de su profesión.
Quizás fuese el único ser humano que creyera en la existencia de un reloj antiguo que contenía en su interior la esencia del tiempo y que, parando el progreso de sus manecillas en el segundo adecuado, el tiempo se detiene para el relojero que supo captarlo.
Quizás fuese el único ser humano que derrama lágrimas frente a un montón de relojes parados y llora su silencio.

8 comentarios:

  1. Joder!
    No puedo dejar de ver una cierta conexión entre tu relato y el mío.
    No será el mismo reloj?
    "Un reloj antiguo que contenía en su interior la esencia del tiempo"
    Vamos, es el mismo seguro!
    Me ha gustado mucho, pero claro, eso ya viene siendo habitual en este blog jejeje
    Un saludo y feliz vuelta!

    ResponderEliminar
  2. Enigmático cuento; pero tremenda insensatez la de aquel relojero... Porque si el tiempo no existiera, o se pudiera detener, seguiría siendo igual de evidente nuestra patética realidad: es nuestra existencia la que continuaría marcando los segundos del reloj vital, a pesar de todo. A 60 latidos por minuto... Tic, tac, tic, tac... Hasta que se detuviera el avance de sus agujas de forma irremediable: igual que en el reloj de tu cuento.



    Besos, Angelical. Me alegro de tu retorno.

    ResponderEliminar
  3. Me gusta mucho tu texto, es precioso^^

    Y sí, vuelvo al tiempo a comentarte... Debería sacar más tiempo a menudo para comentarte, me gustan mucho tus textos^^

    Besotes^^

    ResponderEliminar
  4. Me ha encantado!!!! Un relato extraordinario, sin duda. La esencia del tiempo... ¿Quien pudiera tenerlo? Aunque sea, para manejarlo a tu antojo por unos minutitos!!!
    Te sigo desde mi mirilla, no lo dudes!
    Saluditos!

    ResponderEliminar
  5. Frente a la fantasía del ser humano por dominar el tiempo, reflejas en tu cuento su paso, aun cuando el reloj calle sigue pasando, como esas lágrimas en silencio.

    Un gran relato Angelical, bienvenida de nuevo.

    ResponderEliminar
  6. Ya me gustaría a mí tener ese reloj en según que momentos! :)
    Buen relato!

    ResponderEliminar
  7. Me ha gustado mucho. Un secretillo: me encantaría ser ese relojero del que hablas, porque a menudo lloro por el momento perdido y eso justificaría al menos mis lágrimas ;)

    ResponderEliminar
  8. En tu linea...
    Mucha suerte, ya sabes ;)

    ResponderEliminar

¿Algo que decir? Adelante estás en tu casa.