sábado, 14 de noviembre de 2009

UNA NOCHE MUY LARGA


Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí, impasible, inmóvil ante los acontecimientos que le rodeaban, como si durmiera en la certeza de que nada de aquella vida podía mellar su tranquilidad.

Eloy despertó al dolor de cabeza y miró extrañado aquella mole, sin estar muy seguro de quién de los dos había equivocado el lugar donde dormir.

Porque el dinosaurio dormía ¿verdad?... ajeno al niño que le amenazaba con su pala de plástico o a los turistas que le ofrecían monedas como tributo de agradecimiento a la decoración de aquella playa.

Eloy lo miró con desconfianza y vomitó los excesos de la noche anterior sobre la arena.

_ si a ti no te importa todo este bullicio, yo podré soportarlo.

Cerró los ojos y volvió a dormirse. La playa era lo suficientemente grande para los dos.

6 comentarios:

  1. Que susto levantarse de la resaca y encontrarse semejante bicho jajaja
    Un abrazo mesozoico

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  2. No todos los días se despierta uno conla visión de un dinosaurio, aunque sea de arena.

    Claro que, si lo ha hecho uno mismo, asusta menos.

    Saludos.

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  3. Es fantástico!
    La realidad pasa a segundo plano, lo importante trasncurre entre él y el dinosaurio, despierta tiene lugar y vuelve a dormirse.
    Genial.
    Un abrazo!

    *Conoces de un lugar llamado la casita azul?

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  4. ¡Menuda resaca! ¿Seguro que el bicho dormía, no?

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  5. :O
    Genial el relato!! Sorprendente, jeje! Me ha gustado mucho!

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  6. Me encanta cómo has "ampliado" el famoso microrrelato del dinosaurio, de forma tan prosaica.

    Nos leemos!

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