martes, 30 de junio de 2009

LA MAZMORRA


El olor a naftalina llenaba todo el espacio que había entre aquel techo rocoso y permeable y el suelo, lleno de charcos, sobre el que dormía; como si alguien hubiera pensado que ungir aquel lugar con el desinfectante evitara la suerte que correrían sus inquilinos.

Su respiración se había convertido en algo indefinido que producía un sonido extraño, estertóreo, un grito herético de sus pulmones.

La singularidad de aquella celda lo sumía totalmente en su delirio. Aquel ambiente era capaz de fusionar su realidad con las peores de sus pesadillas, como si aquellas paredes formasen un paréntesis onírico en lo que había sido su vida. Un sueño del que no se veía capaz de despertar.

viernes, 26 de junio de 2009

LA SOLEDAD DEL HÉROE


La capitulación conseguida lo convertía en un héroe ante los ojos de sus semejantes. Alguien de moral intachable que había sabido custodiar la honra de su pueblo y cuya figura era digna de ser exaltada para holganza de todos.

Y sin embargo, no todo era henchir el tórax y pasear su orgullo, de alguna manera, aquella fama alcanzada le daba a su vida un insistente sabor amargo.

Se sentía solo allí arriba. Sólo se acercaba a su pedestal algún que otro chancero, con más audacia que vergüenza, y siempre con la intención de desmenuzar su vida para adornar con bromas sus méritos.

Él nunca reía aquellas gracias y, aún a riesgo de granjearse la fama de un ser desabrido, se negó a reírse de todo aquello que había provocado la soledad del héroe en el que se había convertido.

miércoles, 24 de junio de 2009

VACÍO


La cama está vacía. Ahora puedo decirlo en voz alta, pero ha sido la imagen que más me ha costado digerir: lo vacío al verla y lo frío al sentirla.
Hoy he hecho las paces con el mundo y empiezo a vivir desde un nuevo kilómetro cero. Cerraré la puerta por última vez y nuestro pasado en común enmohecerá en el olvido.
Ahora es esta casa la que está vacía... vaciada de muebles, de recuerdos y de promesas de futuro. Sus paredes seguirán ensuciadas por tus mentiras pero eso ya no puedo evitarlo... ni puedo ni quiero.
Arañaré el vacío con un último grito que me libere el alma y bajo las letras de mi despedida avanzaré para alejarme de ti.

La cama sigue vacía pero ya ha dejado de importarme porque YO vuelvo a sentirme llena.

sábado, 20 de junio de 2009

UNA ORQUÍDEA SOBRE LA ALMOHADA


Nunca le habían hecho una promesa como aquella, ni siquiera en sus sueños más románticos. Jorge no tenía nada que ofrecerle, o al menos eso decía él, y sin embargo encarnaba la imagen que Estefanía siempre había tenido del príncipe azul.

“Una orquídea sobre la almohada” recordó sonriendo mientras terminaba de arreglarse.

Aquella había sido su promesa: cada día que no pudieran verse, él le mandaría una orquídea (su flor favorita) para que la colocara sobre la almohada y así, el perfume de la flor la acompañaría para que no se sintiera sola.

Nadie le había prometido nunca nada parecido y para Estefanía fue como verse en la escena de una película romántica: la luna sobre los tejados, los ojos del chico perfecto y la orquesta sonando de fondo… porque, en su película particular, la música sonó en su mente para decorar el momento aún más.

El timbre la alejó de sus recuerdos y el mensajero le entregó otra orquídea más, la tercera aquella semana. Ya no era su flor favorita… ahora sólo significaba el tiempo que no pasarían juntos.

Cambió su ropa por una camiseta blanca y un pantalón de pijama con diminutos caballos de madera… ropa para soñar.

Frente al espejo se quitó el carmín de los labios y se secó una lágrima de desilusión… sólo una.

La promesa iba perdiendo su encanto y el príncipe ya no era de un azul tan intenso.

domingo, 14 de junio de 2009

SOLDADO DESCONOCIDO


Aquel día vendí mi alma, mi honor y mi orgullo ¿y para qué? Mi alma se la ofrecí a una causa que creí justa y que me pagó con un despertar brusco, en medio de una realidad absurda y sin sentido. Mi honor se perdió al despertar en la certeza de una guerra equivocada... y mi orgullo se desvaneció junto a mi cuerpo porque nunca aprendió a parar balas.
Hoy nadie recuerda mi nombre y mi cuerpo se confunde con el polvo de un cementerio cualquiera.
Sólo una cruz adorna mi olvido.

Sólo mi madre derramó lágrimas por el héroe desconocido.