viernes, 31 de julio de 2009

EL HOMBRE QUE QUEMÓ SUS ALAS.




Las personas mayores enseñan a los niños las cosas que sus cabecitas no llegan a entender usando los cuentos y sus moralejas. Esto siempre ha sido así y espero que se convierta en una de esas costumbres que no se pierden con el pasar de las generaciones.
Aunque yo ya no era una niña, mi abuelo me enseñó a través de su ingenio y de un cuento, que el ser humano es capaz de justificar sus miedos de las maneras más sorprendentes.
_ Abuelo, me han dado el trabajo en Londres ¿vendrás a visitar a tu nieta favorita?
_ Marinita hija, los huesos de este viejo ya no están para esos viajes… no sería capaz de enderezarme después de tantas horas sentado en el tren.
_ ¿Tren? ¿Horas? Anda ya, con un avión seguro que estarías allí a tiempo de almorzar conmigo.
_ Aviones… ¿Conoces la historia de Ícaro?
Entonces no pude reprimir la risa, hoy sólo me asalta una sonrisa al recordarlo.
_ Abuelo eso es mitología y además los aviones no están hechos de cera ni viajan cerca del sol.
_ No Marinita, la historia que voy a contarte sucedió antes de que los sabios copiaran en grandes libros las leyendas mitológicas, incluso antes de que Ícaro intentara conquistar los cielos.
>> Muchos años antes existió un hombre que consiguió volar. Su nombre era Protos y todas las virtudes que puedas imaginar en un ser humano adornaban la persona de Protos. Era leal, sincero, responsable, amable, respetuoso y, por supuesto, inteligente.
Llegó un día en el que los Dioses decidieron premiar aquel ejemplo a seguir para demostrar lo orgullosos que se sentían ante aquella creación perfecta.
Y el premio escogido, después de muchas deliberaciones, fue un fantástico par de alas.
Protos se sintió honrado con aquel presente tan especial y agradeció a los Dioses que lo hubieran escogido a él entre toda la humanidad.
Pero la dicha no fue la que todos esperaban o, al menos, no duró lo que todos hubieran deseado.
Los Dioses esperaban que con el regalo de Protos todos los humanos cambiaran su actitud para conseguir su propio par de alas pero, tras la primera admiración lo que surgió fue la envidia en su más extenso significado.
A Protos no le importó, se limitó a disfrutar del cambio que aquellas plumas habían otorgado a su vida.
Su existencia se elevó, literalmente, a los cielos. Podía recorrer grandes distancias sin que sus pies fueran torturados por las sandalias. Arriba, experimentaba una libertad que nunca había sentido.
Sin embargo, llegó el día en que esa sensación de sentirse libre dio paso a la de sentirse solo. Irremediablemente solo.
Todo lo que hasta entonces le había importado se había convertido en puntos diminutos a los que observar desde lejos. Todo lo suyo se veía minúsculo… menos su soledad.
Llegó a su casa, confesó a su esposa que se había equivocado y ante la mirada atónita y asustada de ella, prendió fuego a sus alas.
Pero aquel regalo no estaba dispuesto a salir de su vida y en vez de convertirse en cenizas, aquellas plumas se tornaron de un intenso color negro.
Protos subió a la montaña más alta del lugar, arrastrando su torpeza, su desdicha y aquellas alas negras, para implorar a los Dioses que le liberaran de aquel presente.
Durante tres lunas lloró su amargura hasta que los Dioses se apiadaron de aquellas lágrimas y le libraron del regalo no deseado.>>
_Por eso, Marinita, en el imaginario del ser humano las alas negras no significan nada bueno y todo el mundo las asocia con la oscuridad que puede dañar al hombre.
_ ¡Es una historia fantástica, abuelo!
_ Sí, por eso hay que hacer caso de su moraleja: si los Dioses hubieran querido que voláramos, hoy todos luciríamos un hermoso par de alas, pero el hombre nunca ha estado preparado para volar.
Por supuesto, nunca volví a insistir par que mi abuelo me visitara en Londres.
Respeté su miedo a volar y consagré mis vacaciones para que me contara nuevas historias que me hicieran soñar.

martes, 28 de julio de 2009

PARA SUS OJOS


Allí estaba, como si siempre la hubiera estado esperando. Como si la arena y la luz del sol siempre hubieran formado parte de ella.

Sin preguntas, y quizás, también sin respuestas.

Por eso volvió a lanzarla al mar. Aquel mensaje no se había escrito para sus ojos y ese sentimiento fue más fuerte que su curiosidad, más fuerte que ella misma.

Pero ahora, camina descalza rozando las olas, esperando que aquella botella vuelva hasta su playa, porque si los milagros existieran… si por un instante el universo se confabulara con la suerte y aquel mensaje volviera a esperarla en la orilla, entonces y sólo entonces, estaría segura de que aquellas letras sí se habían escrito para sus ojos.

domingo, 26 de julio de 2009

SIEMPRE HAY MÁS MOSQUITOS CUANDO ANOCHECE


"Siempre hay más mosquitos cuando anochece". La frase de mi madre siempre estuvo en mis pensamientos, previsora, y sin embargo, hoy en esta oscuridad se me revela insuficiente.

Mosquitos... mi madre sólo me previno de ellos pero nunca mencionó los otros inquilinos que acechan bajo el cobijo de la oscuridad. Nadie me avisó de esas sombras que te persiguen en la noche hasta darte alcance en tus propios sueños, esas que se introducen en tu mente hasta volver negros tus pensamientos, esas que al alba esperan agazapadas entre murmullos hasta que el cansancio vuelva a rendirte.

Mosquitos... ¿a quién le importan los mosquitos?

miércoles, 22 de julio de 2009

EL ÚLTIMO OCASO


El sol se apagó, y nadie estaba preparado para la oscuridad. Todos vaticinaban que la estrella de fuego explotaría pero, simplemente, se apagó. No hubo aviso, ni fases intermedias que avisaran a los estudiosos… sólo se apagó… sin más.

Cuentan las historias que el ser humano se adaptó a la oscuridad, al frío y a todos los cambios que se produjeron en la madre tierra. Y también cuentan las historias, que la luna desapareció del cielo al notar la ausencia de su astro compañero y ahora las estrellas no prestan el consuelo suficiente.

Sin embargo, la humanidad quedó marcada por aquel último atardecer que nadie tuvo n cuenta, aquel ocaso que pasó totalmente desapercibido, aquella puesta de sol que lleva años añorando porque aquel día lejano olvidaron contemplarla.

Por eso ahora, decenas de años después, la humanidad se detiene un instante como homenaje al sol que perdió. Una vez al año, sincronizan sus relojes y prenden fogatas que flotan en el mar, para recordar el reflejo dorado que, según cuentan las historias, una vez cada 24 horas se acercaba a besar al mar y le prestaba su color a las aguas.

miércoles, 8 de julio de 2009

LUCÍA Y SU LIBRO


Sólo tenía una certeza: la culpa la había tenido aquel libro y ni todo su conocimiento, ni todas sus titulaciones fueron capaces de refrendar aquella certeza, pero aún así, el diagnóstico de aquella paciente, pasaba por las páginas escritas de aquel libro infantil, por las ilustraciones desgastadas por el tiempo y, quizás, por la circunstancias desconocidas que hicieron que la mente se quedara en la infancia mientras el cuerpo se hacía adulto.

Lucía y su libro llegaron a hacerse inseparables, parte de una misma vida aunque nadie supiera explicarlo… porque nadie supo nunca porqué, pero ella aseguraba que, durante sus horas de lectura nocturna, sus personajes salían bostezando de sus historias y jugaban sobre su almohada.

Al amparo de la tenue luz de su linterna, sus vocecillas le susurraban sus historias y su dormitorio se convertía en el escenario improvisado para batallas diminutas entre caballeros del tamaño de un escarabajo o niños que huían de brujas condensadas en lo que ocupa una gota de agua.

Nadie consiguió separarla de aquel libro y, eso era lo preocupante. Han pasado 30 años y sigue asegurando que el libro es especial y que sus personajes le murmuran sus vidas de cuento desde la almohada de su cama.

De nada han servido los años de encierro, ni la medicación continuada. Lucía sigue siendo una niña encerrada en su propio cuento de hadas.



lunes, 6 de julio de 2009

ALICIA


Foto  de Natalia Adamska

Este es el final que no cuentan los libros, porque quizás la magia de los cuentos brilla por su ausencia en él. No hubo prisas del conejo blanco, ni merienda del sombrerero, ni siquiera carrera con el Dodo... la historia acabó antes de empezar, porque a esta Alicia, el país de de las Maravillas se lo vendieron en la esquina más alejada del parque y ahora no recordará su nombre al despertar y tampoco sabrá qué hace con un reloj de bolsillo en la mano ni a quién le robó su prisa... simplemente se sentirá feliz por haber despertado... una vez más.

jueves, 2 de julio de 2009

NECESIDAD A FLOR DE PIEL


Es malo levantarse con el pie izquierdo, pero peor embadurnado de sangre y, si encima, esa sangre no es tuya resulta que tienes un verdadero problema. Eso lo sabe todo el mundo.
Es entonces cuando las explicaciones se hacen imprescindibles, aunque no tengan sentido para sus mentes cuadriculadas, aunque la única prueba sea la sangre y nunca llegue a aparecer el cuerpo del que salió. Ellos siempre quieren saber más porque mi necesidad no es suficiente motivo para la lógica en la que se mueven.
Nunca llegarán a entenderme, pero no me importa, seguiré escondida del mundo, proporcionando a mi piel el placer de ese cálido contacto... no, mi necesidad no les importa.
Por eso, la lucha elimina lentamente todo lo que me incrimina y mi piel respira libre de la envoltura perfecta. Mi placer acaba bajo las calles, perdiéndose entre túneles oscuros en los que se esconden miles de secretos de gente como yo: incomprendidos que duermen abrazados a una parte de ellos que nunca mostrarán al mundo.
Ahora, con la mirada perdida en recuerdos húmedos, rojos y placenteros, volveré a sumergirme en su día a día hsta que mi necesidad vuelva a acariciarme la piel.