miércoles, 5 de agosto de 2009

PALABRAS DE PAPEL


_ ¿Quieres morir?

El Señor de las Historias no podía dar crédito a lo que oía. Aquel ser desvergonzado no había tenido suficiente con hacerle la vida imposible en su propio castillo, sino que ahora, tenía la osadía de desafiarle.

_ No estás en condiciones de amenazarme, aquí es donde te han llevado tus juegos de palabras absurdas.

El Señor de las Historias hizo amago de cerrar la puerta de la mazmorra pero la voz del prisionero interrumpió su gesto.

_ No es una amenaza… sin mí, morirás.

La risa del dueño y señor del castillo retumbó con fuerza entre las piedras húmedas que los rodeaban.

_¡¡ Sólo eres un fantasma de papel !!

_ Sí… y tú estás hecho de palabras ¿qué quedará de ti sin el papel que las inmortalice?

_ Esta vez no me confundirás con tus frases.

_¡Piénsalo! _ gritaba el fantasma a través de la gruesa madera de la puerta que lo encerró.

El Señor de las Historias subió a su alcoba para intentar disfrutar de la tranquilidad que tanto había anhelado… fuera del alcance de las frases incompletas de aquel ser de papel.

Pero las palabras de Fantasmín se repetían en su mente una y otra vez.

¿Y si tenía razón? Quizás aquel trozo de papel con alma de fantasma fuese todo lo que necesitaban las palabras que él llevaba en su interior.

Aquella noche, el Señor de las Historias no consiguió conciliar el sueño, fue como si una parte de él estuviera aterida en algún rincón oscuro de aquel enorme castillo.

lunes, 3 de agosto de 2009

GENIO Y FIGURA...


Lo que le sacaba de quicio era que a cada año que pasaba, la cantidad de facturas que debía pagar aumentaba de forma directamente proporcional a la velocidad a la que caían sus cabellos e inversamente proporcional al número de juergas que se corría en su maltrecha vida social.
Se observaba en el espejo y veia lo que siempre había temido: un cuarentón de barriga incipiente y alopecia galopante, con dos ex-esposas que vivían a su costa y un deportivo que ya no atraía a jovencitas.
Aquellos números rojos le recordaban lo patético de su vida pero ya era tarde para cambiar.
Acabaría acostumbrándose a ser cuarentón, calvo... y moroso.