miércoles, 30 de septiembre de 2009

LAS MANÍAS DE MARÍA


Todo médico encuentra la piedra que le hace trastabillar en su camino y me temo que yo he dado con la mía.
María está distinta desde que le quitamos su muñeco.
Ahora juega en el pasillo con una pelota hecha de espaguettis frios.
Una nueva manía... las manías de María.

jueves, 24 de septiembre de 2009

NUNCA TE DIJE...


Nunca te dije que la música cambia su ritmo cuando no la escuchamos juntos.
Que el azúcar no endulza igual mi café si no compartimos esa cucharada extra.
Que el vapor de la ducha no forma nubes empañadas en el espejo si no las miras conmigo.
Que el ascensor no avisa de su parada si no sales a recibirme.
Que los libros no saben susurrarme lo que cuentan si no estás para comentarlos.
Que mi risa no se refleja en mis ojos si no la provocan tus tonterías.
Que hasta el humo de mis cigarrillos es más perjudicial si no me estás riñendo.

Nunca te dije que formas parte hasta de las cosas más pequeñas de mi vida.

martes, 22 de septiembre de 2009

SATURNO A TUS PIES


Migremos a Saturno en el transbordador de los sueños.
Toma mi mano y huye del miedo... nada podrá alcanzarnos.
Déjate llevar por la inmensidad oscura que nos rodea y abandónate a la ausencia de gravedad porque ella mecerá tus temores hasta que se adormezcan en algún rincón perdido.
Vuela conmigo. Pasearemos por sus anillos y Saturno cobrará vida sólo para ti y para mí.
Cierra los ojos. Sueña conmigo. Volemos juntos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

EL RELOJ


Aquel antiquísimo reloj de pared exhaló su último tic tac; el silencio se hizo insoportable porque le gritaba la confirmación de un nuevo fracaso.
Aquél tampoco era el reloj que buscaba, no contenía el tiempo en su interior.
Llevaba años perfeccionando el arte de elegir el segundo adecuado para detener el avance de las agujas de forma irremediable. Sabía cómo manipular el mecanismo para arrancarlo de la misión que lo había creado.
Ante su contacto magistral cualquier reloj dejaba de serlo, olvidaba para lo que había sido creado y el tiempo y su medida dejaban de ser importantes para sus ruedas y engranajes.
Pero aquél había resultado ser uno más, uno de tantos que acortaba sus esperanzas y le alejaba de sus sueños.
Quizás fuese el único ser humano que mantenía la fe en la realidad que ocultaba el cuento que su abuelo, relojero de los de antes, le había contado susurrando palabras que contenían un secreto guardado por todos los de su profesión.
Quizás fuese el único ser humano que creyera en la existencia de un reloj antiguo que contenía en su interior la esencia del tiempo y que, parando el progreso de sus manecillas en el segundo adecuado, el tiempo se detiene para el relojero que supo captarlo.
Quizás fuese el único ser humano que derrama lágrimas frente a un montón de relojes parados y llora su silencio.