lunes, 20 de diciembre de 2010

LA EXCEPCIÓN


Pedro y Quique eran amigos desde la infancia, los mejores amigos desde que se vieron. Sus vidas quedaron impregnadas de una complicidad inexplicable que hacía que, incluso, las cosas que les pasaban fueran las mismas.
Si Quique tropezaba, no pasaba ni media hora antes de que Pedro también tropezara. Lo mismo pasaba con las pisadas involuntarias a las cacas de perro, los enganchones en las matrículas dobladas de los coches o las manchas de tinta con bolígrafos que se estropeaban.
Pero esta extraña unión no les pasaba sólo en situaciones tan cotidianas, vivieron esa complicidad en el colegio, al ser cogidos in fraganti con las chuletas como cuerpo del delito, en el instituto, cuando catearon por las mismas causas el carné de conducir… en la universidad, en realidad, tuvo lugar la única excepción en sus desdichas compartidas.
Antes de pasar a ella, debo comentar que siempre hubo una  pequeña (bueno, a veces no tanto) diferencia en el entorno en el que les sucedían las cosas. Pedro siempre tuvo más público.
Cuando Quique tropezaba lo hacía en medio de un descampado con la sola presencia de su amigo, cuando le llegaba el turno a Pedro ya estaban en el centro comercial rodeados de gente. Si a Quique se le rompió el pantalón en medio de la clase de gimnasia, a Pedro le pasó en medio de la cafetería en plena hora punta. La diferencia de público siempre había sido notable, por eso la excepción, cuando aún no sabía que lo era, le hizo temblar pensando en lo que se le vendría encima. No sintió temor por su amigo, que hubiese sido lo correcto, sino por él mismo y la diferencia que, valga la redundancia, siempre los había diferenciado.
Ocurrió el día en el que se celebraba la graduación de la facultad. El acto oficial había terminado y los cientos de personas asistentes disfrutaban del catering en el salón.
El ambiente se había alegrado (quizás demasiado) por el alcohol, y la timidez fue venciéndose hasta que dio paso a las salidas de tono.
Envalentonados por el aire festivo de la situación, los audaces se fueron turnando en el escenario, micrófono en mano, para recibir los aplausos, las risas y los abucheos de los testigos a su elocuencia atropellada por las tonterías.
Y le llegó la hora a un achispado Quique dispuesto a contar las anécdotas más desternillantes de aquellos años.
Se oyó una voz alegre:
—Aquí tienes una más que contarle a tus nietos.
Y sucedió. De un tirón decidido, los pantalones y el calzoncillo de Quique acabaron en sus tobillos, mientras sus manos se aferraban al micro ante los más de 500 ojos que llenaban el salón.
Esa fue la excepción. El motivo que hizo que Pedro temiera por su suerte y permaneciera una semana encerrado en su cuarto. Pero nunca había sucedido. Era como una especie de excepción que confirmaba la regla y Pedro se alegraba por ello cada vez que pensaba en la complicidad que los mantenía unidos.
Era la excepción… o al menos, eso pensaba cuando lo admitieron como concursante en la casa de Gran Hermano.

 ** Este texto fue inspirado en la frase: "La estupidez de tu acción es directamente proporcional al número de personas que te esté viendo en ses momento" de la archiconocida Ley de Murphy.

martes, 30 de noviembre de 2010

CÓMO HACER UN WESTERN



¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en el viejo y salvaje oeste americano? Esas puestas de sol confundiendo el horizonte de sus interminables llanuras, ese ganado pastando en libertad para llevar la prosperidad a sus espléndidas tierras, ese pueblo que nace en medio de ninguna parte y cuya seguridad está asegurada por hombres valientes que ostentan la ley…
Ay, el oeste y sus encantos…, pero claro, mientras que las cabezas pensantes de este mundo averiguan cómo viajar en el tiempo a un precio asequible, no nos queda otra opción que sumergirnos en el mundo creado por el cine del oeste y seguir soñando.
Muchos pensarán que el género del western está pasado en la moda del celuloide y alzarán sus voces para ocultar los gritos de los iluminados que han mezclado vaqueros con extraterrestres, vampiros e incluso tenores de ópera…
 ¿Da para soñar o no da para soñar? A no ser que tú seas de los que no se conforman con soñar y pienses, como yo, que hay modas que merecen ser resucitadas y que hay mundos que nunca debieron caer en el olvido.
Si, pensando en las nuevas generaciones, algún día te apetece hacer un documento gráfico  que enseñe a los jóvenes de hoy que el cine americano no siempre estuvo adornado con adolescentes que cantan ni con personajes de sagas que se escaparon de sus libros, cuenta conmigo. Y para demostrarte mi apoyo, dejo escritas a continuación una serie de anotaciones, totalmente imprescindibles, para abordar la recreación de tan respetado género:


1.      El pueblo:
Debe tener: una iglesia, un salón con un abrevadero en la puerta (después repasaremos ampliamente la decoración del salón), una comisaría con una sola celda. Si se posee un presupuesto adecuado, se aconseja incluir una barbería y un banco.
Dato a tener muy en cuenta: obligadamente, el pueblo debe ocupar una sola calle. 

2.      Los alrededores:
Conviene ambientar con un río más o menos caudaloso; una mina abandonada o no (según gustos) y, totalmente imprescindible: una montaña al fondo (alargada y no demasiado alta) por la que aparecerán los indios bien ordenados y en fila de a uno.
*Nota: Si se decide poner un fuerte, conviene alejarlo del pueblo para que la llegada del Séptimo de Caballería no se produzca demasiado rápido.

3.      Los personajes:
El número y protagonismo vendrán dados por el presupuesto del que se disponga, pero convendrá tenerse siempre en cuenta, que hay personajes imprescindibles y que deberán aparecer en dos grupos claramente diferenciados:
a)los buenos:  el sheriff, el predicador, el vaquero encargado del ganado y la dueña del salón que, obligadamente, deberá ser la mujer más guapa del pueblo. Se aconseja incluir algún niño jugando en la calle (que entorpezca la huída del malo a la vez que el bueno se preocupe por la integridad de la criatura) y una muchacha que sepa gritar pidiendo ayuda (si el presupuesto es demasiado ajustado, será la dueña del salón la que grite pidiendo ayuda).
b)los malos: aquí hay que tener cuidado porque, aparte de los indios, si se introduce algún forajido, caza recompensas o bandidos a sueldo, nunca, repito, nunca, deben pertenecer al pueblo. Siempre serán forasteros. Siempre.

4.      Atrezzo: 
En este apartado prestaremos especial atención al decorado del salón. Como ya he dicho antes, en la puerta debe colocarse un abrevadero lo suficientemente grande como para que  un hombre quepa dentro, porque es necesario que durante el trascurso de una pelea, al menos, un vaquero caiga dentro.
La barra del salón ha de ser exageradamente larga y debe tener la pared absolutamente repleta de botellas. Aunque en la película no aparezca nadie bebiendo, la pared es insustituible, porque será la causante del efecto en el tiroteo que tendrá lugar, forzosamente, tras las puertas batientes del salón.
Como atrezzo es importante, también, procurarse un cadalso de fácil montaje, aunque si el presupuesto no lo permite, cualquier árbol solitario servirá.
Deberás disponer de, al menos, dos caballos: uno rápido y uno lento. El más veloz deberá ser, inexcusablemente,  la montura del bueno y el caballo lento pertenecerá al malo. Este punto no admite variaciones.
Para elegir a los pieles rojas sólo deberán tenerse en cuenta dos cosas: tienen que saber formar una fila perfecta en la montaña del fondo y gritar formando círculos. Lo demás, quedará sobreactuado.
La elección de las armas no presenta un problema demasiado grave porque aunque en el tambor del revólver quepan una cantidad muy, muy limitada de balas, siempre se puede arreglar con efectos de sonido y alargar así el efecto del tiroteo.
Por supuesto, no puedes olvidarte de incluir alguna que otra planta rodadora para que atraviese las escenas de tensión contenidas.

Y esto es todo, creo que no olvido nada importante, espero haberte ayudado a dar el salto a tu gran  sueño. Si te asalta alguna duda o quieres especificaciones más concretas, no lo dudes:

comohacerunwestern@west.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

PESADILLA EQUIVOCADA (CON VOZ PRESTADA)

Beatriz Salas en su blog A mi manera ha tenido a bien prestarle su voz a mis palabras. Es una sensación extraña con un resultado emocionante, algo así como lo familiar y lo desconocido tomados de la mano XDD.
¿Os apetece escucharlo?



Mil gracias, Beatriz.

lunes, 15 de noviembre de 2010

DEMASIADAS PÉRDIDAS

Óleo de Eduardo Naranjo

Cuentan que cuando regresó ya no era el mismo. Que sus ojos se habían acostumbrado a mirar sin ver y su mirada se asomaba a dos ventanas vacías que no transmitían las sensaciones del alma.
Cuentan que convirtió el silencio en su cobijo y construyó su mundo alrededor de él. Se enfrentó a un lienzo en blanco y vació sobre él todos sus miedos, todo lo que había ido dejando atrás y que lo fue alejando de lo que una vez había sido.
Cuentan que la guerra salió de sus venas convertida en colores y la tela reflejó todo lo que perdió entre el sonido de balas esquivadas y el olor a batallas perdidas o ganadas.
Demasiadas pérdidas…demasiado blanco en la tela… demasiado silencio en el alma.
Cuentan que cuando el miedo tomó las riendas del pincel, las imágenes empezaron a tomar forma con la naturalidad de los recuerdos evocados en sueños. Una bota para todos sus compañeros que dejaron de ser; otra, cruelmente parecida, para honrar a los enemigos que una vez fueron. Un rosario para recordar la fe que perdió por el camino, la mentira que desapareció entre olores a trinchera.
Cuentan que dibujó su propio rostro, el de antes… lo intentó. Cambió aquellas facciones mil veces pero nunca llegó a reconocerse… ni en los ojos de antes ni en los de ahora.
Cuentan que acabó su obra dándole forma a su miedo, a la certeza de saber que en realidad nunca regresó que, lo que una vez fue, se convirtió en lamento que vaga rebuscando entre sus pérdidas.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SUEÑOS DE DIVA



Ahora que se escapa el día,
ahora que todos duermen
es hora de hacer conciencia...
aunque se tiente a la suerte
y se transforme en arpía.

Recaudaré vanidades
que le griten fuerte al ego,
que silencien los errores
para sepultarlos luego
como pecados menores.

Soportaré las heridas.
Afrontaré las verdades.
Lloraré a escondidas,
oculta en mis realidades
lágrimas de despedida.

Me marcho sin equipaje
pero las ausencias pesan.
Nadie me avisó del peaje:
no puedo ser quien era
para empezar este viaje.

Parto en busca de mi verdad
la que siempre me negaron.
Ocultada en la humildad
(la que tanto disfrazaron)
se esconde mi dignidad.

sábado, 16 de octubre de 2010

BUENAS INTENCIONES


Hoy me he levantado con la sensación de ser capaz de cambiar el mundo. Mis sentidos estaban convencidos de poder aportar ese grano definitivo, ese que sacude la montaña y hace que se mueva en la dirección correcta. La certeza de haber alcanzado el momento de plenitud adecuado para dejar a un lado los discursos inútiles y empezar a crear hechos concretos, ha hinchado mis pulmones mezclándose con el aire de la mañana.
Mis ojos se han abierto a un mundo de posibilidades renovadas y con el alma llena de esperanzas tangibles y definitivas he abierto la ventana. Fuera todo seguía igual. Las prisas, el anonimato, la soledad en medio de tanta gente... la vida. He tomado consciencia de ese "igual que siempre" y en un acto, pleno y sincero, de humildad he cerrado la ventana y he vuelto a meterme en la cama.
Fuera todo sigue igual.

lunes, 4 de octubre de 2010

UNA PAREJA EXTRAÑA


Siempre se habían considerado una pareja extraña.
Incluso ahora que ya no estaban juntos. Ya no compartían sus vidas, sólo les quedaba un pequeño vínculo al que recurrían una vez al año.
Dejaron de creer en promesas eternas, en la existencia de las almas gemelas… y eso era, precisamente, lo que los mantenía firmes a la hora de cumplir con aquel ritual.
Un rito de protesta para demostrarle al mundo las mentiras que se ocultaban detrás del rojo San Valentín.
Año tras año, ellos prescindían de esa víscera que late, al que los demás vinculan el roce de la piel. De esa sensación en el estómago al que todos ponían el nombre equivocado. Aquellas dos palabras, para ellos, estaban prohibidas.
Para ellos la celebración de San Valentín se reducía a un encuentro sexual. Año tras año, cita tras cita. Sólo sexo.


** Hoy me apetecía recordar mi primera participación como cuentacuentos

sábado, 25 de septiembre de 2010

MICRO FINALISTA

Este microrrelato ha quedado finalista en el VIII certamen  internacinoal de microcuento fantástico de la revista Minatura y quiero agradecérselo a los cuentacuenteros porque sus frases siempre consiguen sacar a flote mi inspiración. Gracias XDDD.






EL RELOJ

Aquel antiquísimo reloj de pared exhaló su último tic tac; el silencio se hizo insoportable porque le gritaba la confirmación de un nuevo fracaso.
Aquél tampoco era el reloj que buscaba, no contenía el tiempo en su interior.
Llevaba años perfeccionando el arte de elegir el segundo adecuado para detener el avance de las agujas de forma irremediable. Sabía cómo manipular el mecanismo para arrancarlo de la misión que lo había creado.
Ante su contacto magistral cualquier reloj dejaba de serlo, olvidaba para lo que había sido creado y el tiempo y su medida dejaban de ser importantes para sus ruedas y engranajes.
Pero aquél había resultado ser uno más, uno de tantos que acortaba sus esperanzas y le alejaba de sus sueños.
Quizás fuese el único ser humano que mantenía la fe en la realidad que ocultaba el cuento que su abuelo, relojero de los de antes, le había contado susurrando palabras que contenían un secreto guardado por todos los de su profesión.
Quizás fuese el único ser humano que creyera en la existencia de un reloj antiguo que contenía en su interior la esencia del tiempo y que, parando el progreso de sus manecillas en el segundo adecuado, el tiempo se detiene para el relojero que supo captarlo.
Quizás fuese el único ser humano que derrama lágrimas frente a un montón de relojes parados y llora su silencio.
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lunes, 20 de septiembre de 2010

MI LUGAR EN EL MUNDO


 

Amanece y mi día a día comienza de nuevo.
Despierto una vez más al trasiego de caras desconocidas, a la avalancha de pasos con prisas y a las miradas que miran sin verme. La indiferencia duele menos cuando viene acompañada de la caridad despreocupada de las monedas.
Todos dan por supuesto que este rincón es mi lugar en el mundo pero no siempre pertenecí al mobiliario urbano de esta ciudad que siento ajena, ni a esta calle céntrica que no siento mía.
Mi país quedó atrás, en el tiempo y en los recuerdos. Se alejó de mi rutina entre la espuma marina de la estela de un barco y el color de crepúsculos que se perdieron antes de llegar a ser compartidos.
Partí en busca de un amor de verano que se heló con la distancia del invierno. Perseguí el recuerdo de unos besos que sólo encontraron consuelo entre las notas musicales de la única compañía que me encadena a mi pasado: mi acordeón.
Su voz triste me recuerda cada día el destino que eligieron los pasos de mi corazón. Rememora con cada nota, la tristeza de los motivos que me hicieron visitante asiduo del país de los sueños rotos, donde reina el amor no correspondido mirándome con sonrisa irónica, mientras yo me refugio en las líneas de un pentagrama que me anestesie el alma.
Para los paseantes de esta calle concurrida, no soy más que el desamparado extranjero que se esconde detrás de su acordeón para gastar una y otra vez las notas de la misma canción.
...como quisiera poder vivir sin aire
como quisiera poder vivir sin ti ...

martes, 14 de septiembre de 2010

PERFECCIÓN INCOHERENTE




Se quedó mirando fijamente la preciosa casa de muñecas que, de pronto y sin explicación, había aparecido en medio de su dormitorio. Su tejado a dos aguas con aquella veleta inmóvil que la apuntaba, una diminuta cama que prometía ser acogedora, una escalera estrecha y empinada que comunicaba los dos pisos, sus paredes empapeladas con estampados que llegaron a parecerle hipnóticos… todo en aquella casa parecía invitarle a que se convirtiera en su habitante. Era, simplemente, perfecta.
Y entonces sucedió. Aporrearon la puerta con tal fuerza que temblaron las paredes. Con el corazón en un puño, Ali abrió la puerta para encontrarse ante un hombre muy gordo que la miró con los ojos más crueles que había visto nunca. Con esfuerzo, pasó su cuerpo por el hueco de la puerta y le ofreció una sonrisa de dientes retorcidos  que dejó escapar un olor a cloaca que le revolvió el estómago.
Ante la mirada atónita de Ali, el hombre abrió su enorme mano de dedos rollizos para mostrarle su palma.
¡Su gato! En medio de aquella llanura de carne, estaba tendido el cuerpo de su gato, le habían arrancado los ojos, ahora era un gato ciego… ¡un gato muerto!
Aterrorizada miró los minúsculos ojos de aquel hombre gordo y leyó en su mirada la crueldad de sus actos y, lo que fue peor, la de sus intenciones.
Corrió y corrió para salvar la vida, como en sus peores pesadillas, hasta que de pronto tuvo el convencimiento de que su única salida era aquella casa de muñecas.
Se escapó de aquellas manos enormes, desapareció ante la mirad perpleja de aquel gigante que, frustrado, lanzó el gato inerte por la ventana del dormitorio.
Ali respiraba con dificultad, escondida en el hueco de la escalera, entrecerrando los ojos como si el no ver evitara que la vieran.
Vio la espalda del hombre gordo desapareciendo por la puerta y el sonido seco del portazo la hizo soltar aire y volver a respirar tranquila.
Ali salió de su escondite y se dejó conducir por el estampado de las paredes. De alguna manera, era como si aquellos dibujos intrincados guiaran sus pasos.
Su paseo terminó en la cocina. Estaba plagada de piezas de porcelana, decoradas con flores cursis que se contorneaban de una línea dorada que resaltaba el gusto recargado del conjunto.
Bandejas, tazas, platos, tazones, escudillas, fuentes… y en medio de aquel derroche: una mesa coja.
Ali se sintió defraudada, recordó la impresión que la casa de muñecas le había dado desde fuera y decidió dormir para olvidar el cambio de sensaciones.
La cama era dura, incómoda, fría… Ali pensó que la perfección no existe, que es una mentira, una ilusión óptica que desaparece en cuanto te acercas.
Se cubrió con la colcha de aspecto precioso y tacto áspero pero no cerró los ojos. Permaneció quieta, con la mirada inmóvil en la ventana de su dormitorio. La luna estaba llena y ofrecía la iluminación perfecta para las nubes que jugaban con el satélite.
En un momento dado, Ali observó una especialmente esponjosa que mutó ante su sonrisa y tomó forma de retrete. Una nube con forma de retrete tampoco es algo tan incoherente, pensó, al menos no el día  que has visto a tu gato muerto y tratas de dormir en la cama de una casa de muñecas decorada con un papel hipnótico.
Ali se rindió al sueño en cuanto la nube se deshizo. Cuando abrió los ojos ya era de día, el sol entraba por su ventana iluminando el espejo que había junto a su cama.
Se enfrentó a él llena de sensaciones confusas y vio a una niña rubia que se había llenado de arrugas, con una sonrisa vacía y unos ojos llenos de brillo artificial.
Sobre su mesilla, un cenicero con una única colilla. Hay imágenes capaces de explicarlo todo. Ali buscó debajo de las sábanas sus ganas de levantarse, pero no las encontró y volvió a cerrar los ojos.


jueves, 9 de septiembre de 2010

SUÉÑAME SIN PUDOR



Abandónate y suéñame sin pudor.
Cumpliré todas y cada una de tus fantasías.
Haré realidad el lado más erótico
de  los sueños que no consigues recordar al despertar.
Bailaré para ti,
seré todo lo que seas capaz de imaginar,
y te protegeré de tu parte racional,
esa que impide que existamos en un mismo espacio.
Aún no puedes verme, pero sigue deseándome
y conseguiré que supliques que me quite el sombrero,
mientras  Joe Cocker  pone música al momento
en el que nuestras fantasías se convierten en piel.


lunes, 6 de septiembre de 2010

MUNDO INTERIOR


No era necesaria una bola de cristal para ver los espíritus en torno a él, porque nunca existieron. Las sombras que lo amenazaban sólo estaban en sus sueños y las voces que lo atormentaban no existían fuera de su cabeza.

Consumió su vida huyendo de su propia imaginación y de los monstruos que ésta había creado.

Buscó incesante la puerta que lo sacara del mundo de su consciencia pero sólo encontró ventanas que se asomaban a mundos discordantes llenos de pensamientos irreales.

Se encontró perdido dentro de su propia mente repleta de absurdos, de caminos que nunca llevaban a ninguna parte y de espectros que levantaban laberintos para mantenerlo alejado de la cordura.

sábado, 4 de septiembre de 2010

EL TÚNEL


Hoy he visto la luz al final del túnel.
Me asusta. Mis padres me llaman desde el otro lado con la promesa de una vida mejor, pero yo sigo teniendo miedo.
Temo abandonar la seguridad de la única vida que conozco. No, no quiero cruzar.
De pronto siento una paz interior que me empuja hacia el final del túnel, creo que he dejado de ser lo que era hasta ahora. Creo que abandonaré este mundo para siempre.
Atravieso la luz, siento miedo, siento frío.
Unos brazos extraños me esperan en la luminosidad que amenaza con cegarme.

Nadie me dijo que lo primero que oiría al cruzar sería mi propio llanto.

Menos mal que mi madre me acoge entre sus brazos y puedo oir sus latidos...como siempre.

Sé que estoy vivo. Ya no tengo miedo. Esto no es un final es un comienzo.

lunes, 30 de agosto de 2010

LAS AVENTURAS DEL ABUELO


_ A base de plomo curaban todos los males, esos sí que eran buenos tiempos… y los hombres eran hombres de verdad, no como esos muchachos de hoy que son protagonistas de aventuras insulsas. Un duelo al amanecer, dos valientes frente a frente. Una carrera feroz a lomos de un caballo desbocado, una explosión en una mina abandonada… eso sí que son páginas de acción.

El abuelo negó con la cabeza y acalló su discurso después de soltar su última frase a modo de sentencia:

_ Eso sí que es literatura.

José Miguel lo vio salir de su cuarto, con los familiares andares zambos de siempre y cerró con aire decidido su libro de vampiros. En silencio, cogió la pequeña novela de papel amarilleado y, en un acto reflejo, olió sus páginas.

Olían a viejo, pero quizás aquellas aventuras de vaqueros fuesen tan buenas como decía el abuelo.

sábado, 28 de agosto de 2010

TRAS MI VENTANA


Un mal día llega a su fin. Vuelvo a estar sin trabajo. La hipoteca ha vuelto a convertirse en una espada de Damocles y a partir de mañana la incertidumbre y las negativas volverán a pegarse con mis ganas de seguir adelante.
A oscuras en mi dormitorio, rompo en llanto sin alcanzar el desahogo que necesito y mi mirada se pierde más allá de los cristales empañados… hacia el frío del invierno que duerme junto a las calles.
En el parque de enfrente palpita un fuego encerrado en latón, único aliciente al que se aferra un alma acurrucada bajo una manta raída, compañera insuficiente en las horas nocturnas.
Secaré mis lágrimas y me dejaré arrastrar por el sueño… Mañana patearé las calles, buscando un cambio para mi suerte que me aleje de llantos escondidos tras mi ventana.

martes, 24 de agosto de 2010

SENTIDOS DE ARTE


Podía percibir cualquier cosa a través de sus sentidos multiplicada por diez, pero no llegaba a comprender ninguna, como si la esencia de lo que había sido hasta entonces estuviera englobada en un nuevo orden, totalmente desconocido.

Podía saborear, como siempre, pero su paladar encontraba colores en lugar de sabores. El tacto de sus manos, de toda su piel, detectaba tonalidades en vez de texturas.

Los olores que le llegaban se desgranaban en su cerebro en forma de pigmentos y los sonidos se habían transformado en suaves pinceladas de arte que se confundían con sus poros.

Su vista le reveló la verdad y con los ojos de su intuición, ese sentido intangible, descubrió que lo que una vez fue una persona, ahora flotaba convertida en lienzo.

viernes, 20 de agosto de 2010

A QUIÉN LE IMPORTA


Pasea al borde del abismo que crearon sus miedos, con todas las preguntas enredadas en las agujas muertas de los pinos. Las dudas crecen allá abajo y, sin embargo, la tierra continúa soportando el peso de sus pies.

Busca la redención mirando hacia el lugar equivocado mientras el azul se derrama, indiferente, sobre la sombra que proyecta a su paso.

Quizás cree que ahí abajo dejará de ser él mismo y sueñe con que las emociones no entienden de cielo ni de infierno. Quizás al asomarse descubra que el instinto sí conoce las diferencias y es buen guía para pasearse entre lo divino y lo humano.

Pasea al borde del abismo que crearon sus miedos pero a aprendido a mirarlos de lejos, a impedir que le rocen la piel y le secuestren el alma.

¿A quién le importa lo demás?


** Experimento literario dedicado a Sam, espero que te guste XDD

// ** La fotografía pertenece a Sam

domingo, 15 de agosto de 2010

CABALLERO POR SUS OJOS


Supo que volverían a verse, en el mismo momento que se cruzaron en el metro. Lo vio en el fondo de su mirada, en la profundidad de sus pupilas llenas de sueños por cumplir.

Y lo supo, tuvo la certeza de que su nueva misión en la vida sería buscarla, como un loco quijotesco a la búsqueda de su Dulcinea. Encontrarla de nuevo, para ofrendarle su armadura y sus dotes de leal caballero andante.

Sus miradas se cruzaron por un breve instante y sellaron el pacto, en secreto, sin que ni siquiera sus corazones fueran conscientes, sin que ni ellos mismos supieran del destino que acababan de forjar en medio del silencio perfumado de humanidad que llenaba el metro.

No hay escenario que invalide al destino.

No hay promesa que vacíe más el alma que la que se hace siguiendo a la intuición del instinto.

No hay caballero más loco que el que otorga su vida en persecución de una mirada, en espera de un pestañeo correspondido.

lunes, 9 de agosto de 2010

EL SACRIFICIO


Todos en círculo, con las manos unidas y las mentes ensangrentadas. La última ofrenda de la temporada había congregado, alrededor de la arena sagrada, a lo más florido de cada casa.

El rojo del sacrificio brotó de aquella piel negra y el baile del iluminado se adornó con movimientos de falsa valentía, mientras los instrumentos del ceremonial se hundían en la carne sacrificada.

Fue el momento en el que luces y sombras se confundieron sobre el altar de albero y los participantes del rito sangriento rompieron la armonía del círculo sagrado, entre vítores y pañuelos blancos, para aplaudir el supuesto arte liberado en aquel sacrificio del que todos habían sido partícipes.

viernes, 6 de agosto de 2010

UNA MUJER EN LA HISTORIA


Me llamo Elisa y soy una de tantas mujeres que pasará a la historia por conseguir algo grande, al menos a los ojos de los demás, pero mi historia, la que no aparece en los libros, está llena de emociones que nunca se escribieron, esas que siempre permanecieron ocultas a los ojos de los hombres porque, sea en la época que sea, la manera de sentir de una mujer no es argumento suficiente para que su nombre se escriba en las estrellas.

Quiso el destino que naciera hija del rey de Tiro y que compartiera mi sangre con Pigmalión, que acabó heredando el trono, y con Ana, mi pequeña Ana.

El afán de mi hermano por conseguir poder y riqueza nunca le permitió conformarse con el hecho de reinar sobre todos los súbditos de Tiro por lo que, al margen de mis sentimientos, organizó mi vida en beneficio de la posición de la que siempre había querido rodearse.

Así fue como apareció en mi vida Siqueo. Pigmalión puso sus miras en él como candidato perfecto a ser mi esposo por dos motivos: la posición que ocupaba en nuestra sociedad y la fortuna que había atesorado a lo largo de los años. Sin duda era el partido más apropiado para la hermana del rey de Tiro. Con palabras que pretendían alejarse de una simple orden a acatar, mi hermano me presentó la figura del sacerdote del templo de Melkart como al protector de mis días, como al hombre que cuidaría de mi fragilidad femenina para otorgarle seguridad a mi vida.

Nada se habló de sentimientos del corazón, ni del lenguaje de la piel, ni de los suspiros del alma… el rey sólo tuvo palabras para el deber cumplido, como monarca y como hermano mayor.

Para ser sincera, debo confesar que nunca logré amar a Siqueo. Por mucho que me sintiera amada en sus brazos yo nunca logré devolverle el amor que me profesaba y esa certeza siempre me ha pesado en el alma. Las lágrimas que derramé por su muerte fueron sinceras, pero más que al hombre, mi llanto lloró a sus secretos compartidos, a esa complicidad que alcanzamos alejada del amor, a ese tributo que me ofrendaba sin pedir nada a cambio. Sí, mis lágrimas fueron sinceras y dolieron más que las derramadas por la traición.

La traición siempre ha estado presente en mi vida como un sueño recurrente que te asalta cuando menos te lo esperas. Llegó a mi vida de manos de Pigmalión y en el nombre del buen Siqueo. La que lleva el sello de mi hermano se me clavó en la espalda revelando sus más oscuras intenciones y la que vengó a mi esposo, fue ejecutada por mi propia persona… por el despecho de sentirme utilizada y por el dolor de bestia herida que escapó de mi pecho al ver a Siqueo muerto a manos de sicarios que mi misma sangre había mandado. Mis lágrimas fueron sinceras.

_¿Me has mandado llamar?

_Querida Elisa, eres la hermana del rey de Tiro y un ejemplo a seguir por todas las súbditas de este reino, incluida tu estimada Ana, que pronto seguirá cada uno de tus pasos. Por eso, todo sacrificio que hagas en nombre del reino será digno de loa y encumbrará la sangre de tu estirpe.

_No encuentro sentido en tus palabras, Pigmalión. Le ruego claridad a tu boca para que mi razón no se pierda entre las sombras de frases que no logro discernir. ¿De qué sacrificio me habla el rey de Tiro?

_El sacrificio que tu rey te pide lleva el nombre de Siqueo. Cuando lo elegí como tu esposo vi más allá del sacerdote bien posicionado y del buen amante. Mi corazón de hombre con ambiciones para su reino, se llenó de las lenguas que proclamaban sus posesiones, de la visión de ese oro que servirá para expandir las fronteras de Tiro. Ese es tu cometido para con tu reino querida Elisa, arrancar de boca de tu esposo el lugar donde en secreto atesora sus riquezas y ponerlas al servicio de tu rey.

Esas fueron las palabras que sellaron la traición de mi propio hermano. Las que me arrancaron lágrimas de impotencia al saberme utilizada y las que hicieron posible que yo fraguara mi propia traición, mostrándome una parte de mí misma que hasta entonces desconocía.

El amor de mi buen esposo le impedía mantenerme alejada de lo que para los demás eran sus secretos, por lo que ya conocía que sobre el tesoro crecían árboles que otorgaban sombra a los creyentes y flores que llenaban de fragancia los jardines del templo de Melkart. Sin embargo, la ambición de mi hermano recibió una mentira como respuesta. Una ubicación inventada que me otorgara tiempo para alejarme de todos mis horrores: el altar del templo.

La vida de Siqueo fue arrancada en cuanto mi hermano, rey poderoso y hombre cruel, conoció de mis labios el paradero del tesoro.

Mis lágrimas fueron sinceras, pero no me impidieron liberar a la tierra del jardín del secreto que albergaba, mientras los soldados de mi rey destrozaban el altar bajo la mirada impasible de la divinidad.

Después, sólo me apetecía correr, huir de todo lo que me recordara en lo que se había convertido mi vida. Maldije mi sangre. Maldije mi estirpe. Y busqué un lugar donde empezar desde cero, donde no hubiera nada que me recordase en lo que me había llegado a convertir.

Acompañada de mi hermana Ana, de mis doncellas y del recuerdo de Siqueo puse rumbo a mi nueva vida hasta arribar en las costas de África. La hospitalidad de las gentes que encontré allí me otorgó un trozo de tierra y un nombre nuevo. La tierra se abría al mar y el nombre me concedió alas de divinidad.

Años más tarde, la traición volvería a visitarme con el nombre de Eneas. Y esa vez dolió tanto que se llevó mi propia vida. La vida de un alma de mujer que murió por amor y mostró su fragilidad al mundo a pesar de ser Dido, la fundadora de Cartago.

viernes, 30 de julio de 2010

SE DEJÓ LLEVAR


_¿Bailarás conmigo un último vals?

Nunca supo si aquella frase fue pronunciada en serio o sólo trataba de arrancarle una de sus últimas sonrisas pero, a partir de entonces, sus horas de sueño inducido se llenaron de notas musicales y pasos de baile.

Sus momentos alejados del dolor, se perdieron entre telas vaporosas que giraban al compás y una mano agarrada a su cintura que conseguía que fuera capaz de flotar, etérea, irreal… por una vez en su vida se dejó llevar.

Aquella frase le regaló el final que necesitaba, un acabar acompasado, al ritmo de su vaivén, soñando con melodías compartidas que la alejaron de una realidad arrítmica. Se fue sintiendo sus manos en la cintura, girando en un baile imaginado al que le quedaron pequeñas todas las partituras inventadas. Se dejó llevar.

martes, 27 de julio de 2010

ESPERANDO A LA TORMENTA


La carretera serpentea en medio de ninguna parte, sin un destino concreto, como si se tratase de una línea descontrolada dibujada por una mano infantil. A ambos lados de su trazado, la regularidad del terreno se ve salpicada de matojos cuya única utilidad es dejarse azotar por el viento salado y secarse al sol para aportar un matiz diferente a la uniformidad que los rodea.

En el horizonte, el cielo se confunde con la tierra, porque cuando la tormenta se acerca amenaza a todos por igual: a los cielos, a las tierras, a los mares, a los vientos… todos quedan pintados con el mismo color gris, húmedo, triste y monótono.

El coche es un punto insignificante en el paisaje, una anécdota fugaz que no dejará huella ni recuerdo en la grandeza de la soledad natural que atraviesa. Por eso, cuando abandona el trazado de la carretera y se dirige hacia el final del paisaje, nada a su alrededor se inmuta.

Una figura sale de él para asomarse al borde de todo lo que existe, a ese final abrupto de la tierra que da paso al mar, allá abajo, muy abajo. Su fragilidad se hace notable al entrar en comparación con la naturaleza que la rodea, azotando su pelo, sus ropas, impregnándola de la humedad que flota en el aire.

El gris sigue aumentando su protagonismo, sobre su cabeza: en forma de algodones ensuciados… bajo sus pies: como espuma embravecida.

La figura permanece inmóvil sobre el acantilado, confundiéndose con la quietud que reina en la tierra, batiéndose con la agitación que mueve las aguas, sintiendo con la lentitud que empuja a la tormenta.

Su mirada se pierde entre matices de grises, esperando con paciencia a que la lluvia moje las huellas de ida y vuelta que sus pies dejarán tras su partida.