lunes, 22 de marzo de 2010

LAS PRISAS


Tic tac, tic tac, tic tac... el ritmo del reloj le aceleraba el pulso y no le daba tregua, aquel constante martilleo de sus sienes se contagiaban de aquel ritmo enfermizo y le impulsaba a no dejar de correr.

Pasos acelerados que no dejaban lugar a dudas, ritmo frenético en el interior de aquel pequeño cuerpo. Sus cortas piernas marcaban un avance precipitado, mecánico, guiado sólo por las prisas y el afán de no llegar tarde. Nunca se había permitido ser imputual, era como un impulso inherente a su personalidad, ni siquiera se planteó nunca las consecuencias que pudiera tener aquel suceso porque, simplemente, nunca se lo había permitido.

Tic tac, tic tac, tic tac... por fin alcanzó la puerta y, ni aún así se permitió un respiro. El conejo blanco siguió adelante con su sombra prendida al sonido del reloj.

2 comentarios:

  1. ¡Que final más original!
    No me esperaba que salieras por ahí. Me ha gustado mucho :)

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  2. Angelical, pásate por el cuentacuentos, todos están comentando, faltas tú entre otra mucha gente

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