lunes, 5 de abril de 2010

DESDE LA MADUREZ


En un camastro desvencijado, Joel jugaba con un roído antifaz. Era todo lo que le quedaba de ella… de la chica de mirada triste que, noche tras noche, aparecía para enseñarle mundos nuevos.

Con la edad todo aquello había desaparecido. Los hombres no pueden permitirse heroínas enmascaradas que lo saquen de su realidad.

Ella se deshizo detrás de toda la responsabilidad que había traído la madurez.

Joel ya no era un niño. Ya no se podía permitir soñar. Joel ya no tenía un mundo en el que ella encajase, ni siquiera había quedado una rendija por la que, curiosa, pudiera asomarse a su nuevo mundo.

Y todo para nada. Para pasar las noches de adulto responsable jugueteando con un antifaz que le gritaba cuánto había crecido y cuánto había perdido por el camino.

4 comentarios:

  1. Debería hacerle un hueco en su nueva vida, seguro que estaría mucho mejor.
    :)

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  2. Igual mejor es deshacerse de el, y empezar desde 0. Siempre es posible recuperar lo perdido si se va tras ello.

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  3. El tiempo, ese ser que oculta su rostro tras el antifáz, y siempre nos ve pasar.
    Hay que pasar de el :)

    Un microrrelato que refleja la rápidez con que la vida se mueve sino nos movemos.

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  4. Triste y tierno... Me ha gustado ;)

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