domingo, 9 de mayo de 2010

CUANDO VIAJAR ES UN TRABAJO...


Roma, París, Nueva York…da igual de qué ciudad se trate… en el fondo todas son iguales, a lo largo de mis años de vuelo todas han ido perdiendo ese brillo que las hacía distintas, diferentes.

Cuando trabajas acomodando pasajeros en el aire, el despertarte en otra ciudad pierde el encanto, todas se reducen a la misma vista: esa habitación de hotel, impersonal hasta lo imposible, que te oprime el pecho en cuanto despiertas y te hace sentir como una perfecta extraña en una tierra que no te pertenece.

La ilusión se evaporó con la monotonía de los años y ahora despertar en Roma, París o Nueva York ha perdido todo el encanto que tienen los olores familiares de Madrid.

5 comentarios:

  1. Has dicho una verdad como un castillo, se pierde el encanto de las cosas cuando se convierten en rutina, aunque hay cosas cotidianas, que nunca pierden su encanto.

    Besotes.

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  2. Ainns mi Madrid... es que Madrid es mucho Madrid. He estado en Roma, en Paris y en Nueva York y son ciudades maravillosas... pero Madrid es Madrid.

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  3. Es el precio de lo cotidiano, aprendemos a convivir con lo especial y pierde su valor.
    Supermicro!

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  4. Me gustó el planteamiento y el resultado! De pequeño envidiaba a los pilotos por las ciudades que podían visitar y cabe aplicarlo tb a toda la tripulación. Pero desvelas muy bien esa realidad tan distinta.
    Aunque ojalá pudiera visitar cada día esas ciudades! :)

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  5. La verdad es que sí, es que los viajes de trabajo no tienen ni punto de comparación, no ya con los otros viajes, los de verdad, sino con la vida cotidiana. Supongo que no debe de ser nada fácil trabajar viajando, demasiada nostalgia al final...
    Buen relato!
    Besos!

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