domingo, 27 de junio de 2010

MOCOS MARCIANOS


Al sonarse la nariz sospechó que no era un humano cualquiera… aquello no podía ser humano.

Luís se había despertado de su siesta dominguera con una extraña sensación de atoramiento en la nariz pero, ni en sus peores pesadillas, había visto algo tan viscosamente horroroso y lo peor de todo era que aquello había salido del interior de su cabeza.

Aquella masa pegajosa e informe, de una inusual tonalidad verde chillón, lo mantenía con los cinco sentidos atrapados en el pañuelo, como si en el mundo hubiese dejado de existir todo aquello que no hubiera salido de sus fosas nasales.

Por si a Luís le quedaba alguna duda: aquellos mocos inhumanos ¡¡brillaban en la oscuridad!!

Por su mente pasaron todas las historias que había escuchado sobre abducciones extraterrestres y cambiazos de niños en sus cunas. El pañuelo que sostenía entre las manos era la prueba irrefutable de que todos aquellos cuentos formaban parte de la realidad… una realidad cruel, difícil de asimilar para un niño de ocho años.

Atrincherado en su cuarto, su hermano mayor miraba con deleite y una risilla nerviosa, un bote vacío de “Mocos marcianos: el juguete de moda”. Se había gastado la paga completa de dos semanas pero aquella broma bien merecía los cuatro euros empleados.

4 comentarios:

  1. Te ha quedado genial, empieza pareciendo una historia sobre marcianos y resulta ser el granuja del hermano la solución... Un final redondo y coherente.

    ResponderEliminar
  2. ¡Ja,ja,ja,ja! ¡Qué malo! Me recuerda a mí misma cuando era pequeña xD. Estupendo :D

    Un saludito.

    ResponderEliminar
  3. Venciste y de que forma, una frase que ya se creía invencible, haciéndolo no con rebuscados medios sino con la naturalidad de un niño.

    Muy buen relato, ¡enhorabuena!

    ResponderEliminar
  4. Muy chulo! aunque le hubiera metido un poco mas de angustia del hermano mayor

    ResponderEliminar

¿Algo que decir? Adelante estás en tu casa.