martes, 27 de julio de 2010

ESPERANDO A LA TORMENTA


La carretera serpentea en medio de ninguna parte, sin un destino concreto, como si se tratase de una línea descontrolada dibujada por una mano infantil. A ambos lados de su trazado, la regularidad del terreno se ve salpicada de matojos cuya única utilidad es dejarse azotar por el viento salado y secarse al sol para aportar un matiz diferente a la uniformidad que los rodea.

En el horizonte, el cielo se confunde con la tierra, porque cuando la tormenta se acerca amenaza a todos por igual: a los cielos, a las tierras, a los mares, a los vientos… todos quedan pintados con el mismo color gris, húmedo, triste y monótono.

El coche es un punto insignificante en el paisaje, una anécdota fugaz que no dejará huella ni recuerdo en la grandeza de la soledad natural que atraviesa. Por eso, cuando abandona el trazado de la carretera y se dirige hacia el final del paisaje, nada a su alrededor se inmuta.

Una figura sale de él para asomarse al borde de todo lo que existe, a ese final abrupto de la tierra que da paso al mar, allá abajo, muy abajo. Su fragilidad se hace notable al entrar en comparación con la naturaleza que la rodea, azotando su pelo, sus ropas, impregnándola de la humedad que flota en el aire.

El gris sigue aumentando su protagonismo, sobre su cabeza: en forma de algodones ensuciados… bajo sus pies: como espuma embravecida.

La figura permanece inmóvil sobre el acantilado, confundiéndose con la quietud que reina en la tierra, batiéndose con la agitación que mueve las aguas, sintiendo con la lentitud que empuja a la tormenta.

Su mirada se pierde entre matices de grises, esperando con paciencia a que la lluvia moje las huellas de ida y vuelta que sus pies dejarán tras su partida.

3 comentarios:

  1. Me has dejado muda. Una descripción maravillosa que me ha teletransportado al borde de un acantilado.

    Probablemente uno de los mejores textos que te he leído hasta el momento. ¡Genial!

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  2. Salió de un ejercicio con el paisaje romántico como tema y como lo victoriano me puede, no me pude resistir XDDDDD

    Un besazo.

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  3. El movimiento de aquel vehículo, de las huellas, ese instante de su mirada, todo ello queda empequeñecido ante la inmensa historia que escribe, que tan bien describes, el paisaje, el horizonte, el cielo,

    maravilloso momento!

    Un abrazo y :) por fin agosto!!

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