domingo, 27 de junio de 2010

MOCOS MARCIANOS


Al sonarse la nariz sospechó que no era un humano cualquiera… aquello no podía ser humano.

Luís se había despertado de su siesta dominguera con una extraña sensación de atoramiento en la nariz pero, ni en sus peores pesadillas, había visto algo tan viscosamente horroroso y lo peor de todo era que aquello había salido del interior de su cabeza.

Aquella masa pegajosa e informe, de una inusual tonalidad verde chillón, lo mantenía con los cinco sentidos atrapados en el pañuelo, como si en el mundo hubiese dejado de existir todo aquello que no hubiera salido de sus fosas nasales.

Por si a Luís le quedaba alguna duda: aquellos mocos inhumanos ¡¡brillaban en la oscuridad!!

Por su mente pasaron todas las historias que había escuchado sobre abducciones extraterrestres y cambiazos de niños en sus cunas. El pañuelo que sostenía entre las manos era la prueba irrefutable de que todos aquellos cuentos formaban parte de la realidad… una realidad cruel, difícil de asimilar para un niño de ocho años.

Atrincherado en su cuarto, su hermano mayor miraba con deleite y una risilla nerviosa, un bote vacío de “Mocos marcianos: el juguete de moda”. Se había gastado la paga completa de dos semanas pero aquella broma bien merecía los cuatro euros empleados.

miércoles, 23 de junio de 2010

EL HÉROE DEL RECREO


El rumor se extendió rápidamente por el patio del colegio. Llegó a cada rincón del recreo entre muestras de asombro y explosiones de júbilo.
El matón del colegio, el gigantón que atemorizaba a todo el que se cruzaba con él, por fin había recibido lo que merecía.
Ahora lloraba frente a la puerta del director, frágil, acobardado, con el orgullo magullado y su reinado de empujones y extorsiones hecho añicos.
Había caído en la trampa y se vio descubierto por los adultos, los únicos a los que no podía amedrentar.
David, el renacuajo de cuarto curso, se había convertido en el héroe del colegio y todos aclamaban la astucia que los había liberado del gigante que ahora mostraba un llanto desproporcionado.

domingo, 6 de junio de 2010

TRÁGAME TIERRA




Había convertido en batuta la cucharilla del café, cerró los ojos y se dejó llevar por la sinfonía que hacía vibrar el altavoz. Su café se enfriaba sobre la mesa de la cocina pero el tiempo, y su desayuno, habían dejado de importarle.

Su pelo revuelto, la barba sin afeitar y el albornoz que se abría con los movimientos de aquel director de orquesta desaliñado, formaban un cuadro ridículo en aquel escenario absurdo.

Pero Julio estaba tan metido en su fantasía que no tuvo constancia de lo irrisorio de su situación hasta que un carraspeo se hizo oír por encima de las notas musicales, haciéndole abrir los ojos.

Allí estaba Mónica, en la puerta de la cocina; con una ceja levantada, una sonrisa de oreja a oreja y rompiendo a aplaudir como una fan quinceañera.

En aquel momento hubiera querido hacer posible aquello de trágame tierra o, al menos, disponer de una capa que le proporcionara la invisibilidad para poder evadir el instante bochornoso que atravesaba.

Mónica, la última conquista de su compañero de piso, se acercó hasta la mesa y se bebió su abandonado café sin bajar aquella maldita ceja.

Julio soltó la batuta (devuelta a su forma original de cucharilla), se ajustó el cinturón del albornoz y abandonó la cocina murmurando:

_Iré a cantar bajo la ducha.