lunes, 30 de agosto de 2010

LAS AVENTURAS DEL ABUELO


_ A base de plomo curaban todos los males, esos sí que eran buenos tiempos… y los hombres eran hombres de verdad, no como esos muchachos de hoy que son protagonistas de aventuras insulsas. Un duelo al amanecer, dos valientes frente a frente. Una carrera feroz a lomos de un caballo desbocado, una explosión en una mina abandonada… eso sí que son páginas de acción.

El abuelo negó con la cabeza y acalló su discurso después de soltar su última frase a modo de sentencia:

_ Eso sí que es literatura.

José Miguel lo vio salir de su cuarto, con los familiares andares zambos de siempre y cerró con aire decidido su libro de vampiros. En silencio, cogió la pequeña novela de papel amarilleado y, en un acto reflejo, olió sus páginas.

Olían a viejo, pero quizás aquellas aventuras de vaqueros fuesen tan buenas como decía el abuelo.

sábado, 28 de agosto de 2010

TRAS MI VENTANA


Un mal día llega a su fin. Vuelvo a estar sin trabajo. La hipoteca ha vuelto a convertirse en una espada de Damocles y a partir de mañana la incertidumbre y las negativas volverán a pegarse con mis ganas de seguir adelante.
A oscuras en mi dormitorio, rompo en llanto sin alcanzar el desahogo que necesito y mi mirada se pierde más allá de los cristales empañados… hacia el frío del invierno que duerme junto a las calles.
En el parque de enfrente palpita un fuego encerrado en latón, único aliciente al que se aferra un alma acurrucada bajo una manta raída, compañera insuficiente en las horas nocturnas.
Secaré mis lágrimas y me dejaré arrastrar por el sueño… Mañana patearé las calles, buscando un cambio para mi suerte que me aleje de llantos escondidos tras mi ventana.

martes, 24 de agosto de 2010

SENTIDOS DE ARTE


Podía percibir cualquier cosa a través de sus sentidos multiplicada por diez, pero no llegaba a comprender ninguna, como si la esencia de lo que había sido hasta entonces estuviera englobada en un nuevo orden, totalmente desconocido.

Podía saborear, como siempre, pero su paladar encontraba colores en lugar de sabores. El tacto de sus manos, de toda su piel, detectaba tonalidades en vez de texturas.

Los olores que le llegaban se desgranaban en su cerebro en forma de pigmentos y los sonidos se habían transformado en suaves pinceladas de arte que se confundían con sus poros.

Su vista le reveló la verdad y con los ojos de su intuición, ese sentido intangible, descubrió que lo que una vez fue una persona, ahora flotaba convertida en lienzo.

viernes, 20 de agosto de 2010

A QUIÉN LE IMPORTA


Pasea al borde del abismo que crearon sus miedos, con todas las preguntas enredadas en las agujas muertas de los pinos. Las dudas crecen allá abajo y, sin embargo, la tierra continúa soportando el peso de sus pies.

Busca la redención mirando hacia el lugar equivocado mientras el azul se derrama, indiferente, sobre la sombra que proyecta a su paso.

Quizás cree que ahí abajo dejará de ser él mismo y sueñe con que las emociones no entienden de cielo ni de infierno. Quizás al asomarse descubra que el instinto sí conoce las diferencias y es buen guía para pasearse entre lo divino y lo humano.

Pasea al borde del abismo que crearon sus miedos pero a aprendido a mirarlos de lejos, a impedir que le rocen la piel y le secuestren el alma.

¿A quién le importa lo demás?


** Experimento literario dedicado a Sam, espero que te guste XDD

// ** La fotografía pertenece a Sam

domingo, 15 de agosto de 2010

CABALLERO POR SUS OJOS


Supo que volverían a verse, en el mismo momento que se cruzaron en el metro. Lo vio en el fondo de su mirada, en la profundidad de sus pupilas llenas de sueños por cumplir.

Y lo supo, tuvo la certeza de que su nueva misión en la vida sería buscarla, como un loco quijotesco a la búsqueda de su Dulcinea. Encontrarla de nuevo, para ofrendarle su armadura y sus dotes de leal caballero andante.

Sus miradas se cruzaron por un breve instante y sellaron el pacto, en secreto, sin que ni siquiera sus corazones fueran conscientes, sin que ni ellos mismos supieran del destino que acababan de forjar en medio del silencio perfumado de humanidad que llenaba el metro.

No hay escenario que invalide al destino.

No hay promesa que vacíe más el alma que la que se hace siguiendo a la intuición del instinto.

No hay caballero más loco que el que otorga su vida en persecución de una mirada, en espera de un pestañeo correspondido.

lunes, 9 de agosto de 2010

EL SACRIFICIO


Todos en círculo, con las manos unidas y las mentes ensangrentadas. La última ofrenda de la temporada había congregado, alrededor de la arena sagrada, a lo más florido de cada casa.

El rojo del sacrificio brotó de aquella piel negra y el baile del iluminado se adornó con movimientos de falsa valentía, mientras los instrumentos del ceremonial se hundían en la carne sacrificada.

Fue el momento en el que luces y sombras se confundieron sobre el altar de albero y los participantes del rito sangriento rompieron la armonía del círculo sagrado, entre vítores y pañuelos blancos, para aplaudir el supuesto arte liberado en aquel sacrificio del que todos habían sido partícipes.

viernes, 6 de agosto de 2010

UNA MUJER EN LA HISTORIA


Me llamo Elisa y soy una de tantas mujeres que pasará a la historia por conseguir algo grande, al menos a los ojos de los demás, pero mi historia, la que no aparece en los libros, está llena de emociones que nunca se escribieron, esas que siempre permanecieron ocultas a los ojos de los hombres porque, sea en la época que sea, la manera de sentir de una mujer no es argumento suficiente para que su nombre se escriba en las estrellas.

Quiso el destino que naciera hija del rey de Tiro y que compartiera mi sangre con Pigmalión, que acabó heredando el trono, y con Ana, mi pequeña Ana.

El afán de mi hermano por conseguir poder y riqueza nunca le permitió conformarse con el hecho de reinar sobre todos los súbditos de Tiro por lo que, al margen de mis sentimientos, organizó mi vida en beneficio de la posición de la que siempre había querido rodearse.

Así fue como apareció en mi vida Siqueo. Pigmalión puso sus miras en él como candidato perfecto a ser mi esposo por dos motivos: la posición que ocupaba en nuestra sociedad y la fortuna que había atesorado a lo largo de los años. Sin duda era el partido más apropiado para la hermana del rey de Tiro. Con palabras que pretendían alejarse de una simple orden a acatar, mi hermano me presentó la figura del sacerdote del templo de Melkart como al protector de mis días, como al hombre que cuidaría de mi fragilidad femenina para otorgarle seguridad a mi vida.

Nada se habló de sentimientos del corazón, ni del lenguaje de la piel, ni de los suspiros del alma… el rey sólo tuvo palabras para el deber cumplido, como monarca y como hermano mayor.

Para ser sincera, debo confesar que nunca logré amar a Siqueo. Por mucho que me sintiera amada en sus brazos yo nunca logré devolverle el amor que me profesaba y esa certeza siempre me ha pesado en el alma. Las lágrimas que derramé por su muerte fueron sinceras, pero más que al hombre, mi llanto lloró a sus secretos compartidos, a esa complicidad que alcanzamos alejada del amor, a ese tributo que me ofrendaba sin pedir nada a cambio. Sí, mis lágrimas fueron sinceras y dolieron más que las derramadas por la traición.

La traición siempre ha estado presente en mi vida como un sueño recurrente que te asalta cuando menos te lo esperas. Llegó a mi vida de manos de Pigmalión y en el nombre del buen Siqueo. La que lleva el sello de mi hermano se me clavó en la espalda revelando sus más oscuras intenciones y la que vengó a mi esposo, fue ejecutada por mi propia persona… por el despecho de sentirme utilizada y por el dolor de bestia herida que escapó de mi pecho al ver a Siqueo muerto a manos de sicarios que mi misma sangre había mandado. Mis lágrimas fueron sinceras.

_¿Me has mandado llamar?

_Querida Elisa, eres la hermana del rey de Tiro y un ejemplo a seguir por todas las súbditas de este reino, incluida tu estimada Ana, que pronto seguirá cada uno de tus pasos. Por eso, todo sacrificio que hagas en nombre del reino será digno de loa y encumbrará la sangre de tu estirpe.

_No encuentro sentido en tus palabras, Pigmalión. Le ruego claridad a tu boca para que mi razón no se pierda entre las sombras de frases que no logro discernir. ¿De qué sacrificio me habla el rey de Tiro?

_El sacrificio que tu rey te pide lleva el nombre de Siqueo. Cuando lo elegí como tu esposo vi más allá del sacerdote bien posicionado y del buen amante. Mi corazón de hombre con ambiciones para su reino, se llenó de las lenguas que proclamaban sus posesiones, de la visión de ese oro que servirá para expandir las fronteras de Tiro. Ese es tu cometido para con tu reino querida Elisa, arrancar de boca de tu esposo el lugar donde en secreto atesora sus riquezas y ponerlas al servicio de tu rey.

Esas fueron las palabras que sellaron la traición de mi propio hermano. Las que me arrancaron lágrimas de impotencia al saberme utilizada y las que hicieron posible que yo fraguara mi propia traición, mostrándome una parte de mí misma que hasta entonces desconocía.

El amor de mi buen esposo le impedía mantenerme alejada de lo que para los demás eran sus secretos, por lo que ya conocía que sobre el tesoro crecían árboles que otorgaban sombra a los creyentes y flores que llenaban de fragancia los jardines del templo de Melkart. Sin embargo, la ambición de mi hermano recibió una mentira como respuesta. Una ubicación inventada que me otorgara tiempo para alejarme de todos mis horrores: el altar del templo.

La vida de Siqueo fue arrancada en cuanto mi hermano, rey poderoso y hombre cruel, conoció de mis labios el paradero del tesoro.

Mis lágrimas fueron sinceras, pero no me impidieron liberar a la tierra del jardín del secreto que albergaba, mientras los soldados de mi rey destrozaban el altar bajo la mirada impasible de la divinidad.

Después, sólo me apetecía correr, huir de todo lo que me recordara en lo que se había convertido mi vida. Maldije mi sangre. Maldije mi estirpe. Y busqué un lugar donde empezar desde cero, donde no hubiera nada que me recordase en lo que me había llegado a convertir.

Acompañada de mi hermana Ana, de mis doncellas y del recuerdo de Siqueo puse rumbo a mi nueva vida hasta arribar en las costas de África. La hospitalidad de las gentes que encontré allí me otorgó un trozo de tierra y un nombre nuevo. La tierra se abría al mar y el nombre me concedió alas de divinidad.

Años más tarde, la traición volvería a visitarme con el nombre de Eneas. Y esa vez dolió tanto que se llevó mi propia vida. La vida de un alma de mujer que murió por amor y mostró su fragilidad al mundo a pesar de ser Dido, la fundadora de Cartago.