sábado, 25 de septiembre de 2010

MICRO FINALISTA

Este microrrelato ha quedado finalista en el VIII certamen  internacinoal de microcuento fantástico de la revista Minatura y quiero agradecérselo a los cuentacuenteros porque sus frases siempre consiguen sacar a flote mi inspiración. Gracias XDDD.






EL RELOJ

Aquel antiquísimo reloj de pared exhaló su último tic tac; el silencio se hizo insoportable porque le gritaba la confirmación de un nuevo fracaso.
Aquél tampoco era el reloj que buscaba, no contenía el tiempo en su interior.
Llevaba años perfeccionando el arte de elegir el segundo adecuado para detener el avance de las agujas de forma irremediable. Sabía cómo manipular el mecanismo para arrancarlo de la misión que lo había creado.
Ante su contacto magistral cualquier reloj dejaba de serlo, olvidaba para lo que había sido creado y el tiempo y su medida dejaban de ser importantes para sus ruedas y engranajes.
Pero aquél había resultado ser uno más, uno de tantos que acortaba sus esperanzas y le alejaba de sus sueños.
Quizás fuese el único ser humano que mantenía la fe en la realidad que ocultaba el cuento que su abuelo, relojero de los de antes, le había contado susurrando palabras que contenían un secreto guardado por todos los de su profesión.
Quizás fuese el único ser humano que creyera en la existencia de un reloj antiguo que contenía en su interior la esencia del tiempo y que, parando el progreso de sus manecillas en el segundo adecuado, el tiempo se detiene para el relojero que supo captarlo.
Quizás fuese el único ser humano que derrama lágrimas frente a un montón de relojes parados y llora su silencio.
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lunes, 20 de septiembre de 2010

MI LUGAR EN EL MUNDO


 

Amanece y mi día a día comienza de nuevo.
Despierto una vez más al trasiego de caras desconocidas, a la avalancha de pasos con prisas y a las miradas que miran sin verme. La indiferencia duele menos cuando viene acompañada de la caridad despreocupada de las monedas.
Todos dan por supuesto que este rincón es mi lugar en el mundo pero no siempre pertenecí al mobiliario urbano de esta ciudad que siento ajena, ni a esta calle céntrica que no siento mía.
Mi país quedó atrás, en el tiempo y en los recuerdos. Se alejó de mi rutina entre la espuma marina de la estela de un barco y el color de crepúsculos que se perdieron antes de llegar a ser compartidos.
Partí en busca de un amor de verano que se heló con la distancia del invierno. Perseguí el recuerdo de unos besos que sólo encontraron consuelo entre las notas musicales de la única compañía que me encadena a mi pasado: mi acordeón.
Su voz triste me recuerda cada día el destino que eligieron los pasos de mi corazón. Rememora con cada nota, la tristeza de los motivos que me hicieron visitante asiduo del país de los sueños rotos, donde reina el amor no correspondido mirándome con sonrisa irónica, mientras yo me refugio en las líneas de un pentagrama que me anestesie el alma.
Para los paseantes de esta calle concurrida, no soy más que el desamparado extranjero que se esconde detrás de su acordeón para gastar una y otra vez las notas de la misma canción.
...como quisiera poder vivir sin aire
como quisiera poder vivir sin ti ...

martes, 14 de septiembre de 2010

PERFECCIÓN INCOHERENTE




Se quedó mirando fijamente la preciosa casa de muñecas que, de pronto y sin explicación, había aparecido en medio de su dormitorio. Su tejado a dos aguas con aquella veleta inmóvil que la apuntaba, una diminuta cama que prometía ser acogedora, una escalera estrecha y empinada que comunicaba los dos pisos, sus paredes empapeladas con estampados que llegaron a parecerle hipnóticos… todo en aquella casa parecía invitarle a que se convirtiera en su habitante. Era, simplemente, perfecta.
Y entonces sucedió. Aporrearon la puerta con tal fuerza que temblaron las paredes. Con el corazón en un puño, Ali abrió la puerta para encontrarse ante un hombre muy gordo que la miró con los ojos más crueles que había visto nunca. Con esfuerzo, pasó su cuerpo por el hueco de la puerta y le ofreció una sonrisa de dientes retorcidos  que dejó escapar un olor a cloaca que le revolvió el estómago.
Ante la mirada atónita de Ali, el hombre abrió su enorme mano de dedos rollizos para mostrarle su palma.
¡Su gato! En medio de aquella llanura de carne, estaba tendido el cuerpo de su gato, le habían arrancado los ojos, ahora era un gato ciego… ¡un gato muerto!
Aterrorizada miró los minúsculos ojos de aquel hombre gordo y leyó en su mirada la crueldad de sus actos y, lo que fue peor, la de sus intenciones.
Corrió y corrió para salvar la vida, como en sus peores pesadillas, hasta que de pronto tuvo el convencimiento de que su única salida era aquella casa de muñecas.
Se escapó de aquellas manos enormes, desapareció ante la mirad perpleja de aquel gigante que, frustrado, lanzó el gato inerte por la ventana del dormitorio.
Ali respiraba con dificultad, escondida en el hueco de la escalera, entrecerrando los ojos como si el no ver evitara que la vieran.
Vio la espalda del hombre gordo desapareciendo por la puerta y el sonido seco del portazo la hizo soltar aire y volver a respirar tranquila.
Ali salió de su escondite y se dejó conducir por el estampado de las paredes. De alguna manera, era como si aquellos dibujos intrincados guiaran sus pasos.
Su paseo terminó en la cocina. Estaba plagada de piezas de porcelana, decoradas con flores cursis que se contorneaban de una línea dorada que resaltaba el gusto recargado del conjunto.
Bandejas, tazas, platos, tazones, escudillas, fuentes… y en medio de aquel derroche: una mesa coja.
Ali se sintió defraudada, recordó la impresión que la casa de muñecas le había dado desde fuera y decidió dormir para olvidar el cambio de sensaciones.
La cama era dura, incómoda, fría… Ali pensó que la perfección no existe, que es una mentira, una ilusión óptica que desaparece en cuanto te acercas.
Se cubrió con la colcha de aspecto precioso y tacto áspero pero no cerró los ojos. Permaneció quieta, con la mirada inmóvil en la ventana de su dormitorio. La luna estaba llena y ofrecía la iluminación perfecta para las nubes que jugaban con el satélite.
En un momento dado, Ali observó una especialmente esponjosa que mutó ante su sonrisa y tomó forma de retrete. Una nube con forma de retrete tampoco es algo tan incoherente, pensó, al menos no el día  que has visto a tu gato muerto y tratas de dormir en la cama de una casa de muñecas decorada con un papel hipnótico.
Ali se rindió al sueño en cuanto la nube se deshizo. Cuando abrió los ojos ya era de día, el sol entraba por su ventana iluminando el espejo que había junto a su cama.
Se enfrentó a él llena de sensaciones confusas y vio a una niña rubia que se había llenado de arrugas, con una sonrisa vacía y unos ojos llenos de brillo artificial.
Sobre su mesilla, un cenicero con una única colilla. Hay imágenes capaces de explicarlo todo. Ali buscó debajo de las sábanas sus ganas de levantarse, pero no las encontró y volvió a cerrar los ojos.


jueves, 9 de septiembre de 2010

SUÉÑAME SIN PUDOR



Abandónate y suéñame sin pudor.
Cumpliré todas y cada una de tus fantasías.
Haré realidad el lado más erótico
de  los sueños que no consigues recordar al despertar.
Bailaré para ti,
seré todo lo que seas capaz de imaginar,
y te protegeré de tu parte racional,
esa que impide que existamos en un mismo espacio.
Aún no puedes verme, pero sigue deseándome
y conseguiré que supliques que me quite el sombrero,
mientras  Joe Cocker  pone música al momento
en el que nuestras fantasías se convierten en piel.


lunes, 6 de septiembre de 2010

MUNDO INTERIOR


No era necesaria una bola de cristal para ver los espíritus en torno a él, porque nunca existieron. Las sombras que lo amenazaban sólo estaban en sus sueños y las voces que lo atormentaban no existían fuera de su cabeza.

Consumió su vida huyendo de su propia imaginación y de los monstruos que ésta había creado.

Buscó incesante la puerta que lo sacara del mundo de su consciencia pero sólo encontró ventanas que se asomaban a mundos discordantes llenos de pensamientos irreales.

Se encontró perdido dentro de su propia mente repleta de absurdos, de caminos que nunca llevaban a ninguna parte y de espectros que levantaban laberintos para mantenerlo alejado de la cordura.

sábado, 4 de septiembre de 2010

EL TÚNEL


Hoy he visto la luz al final del túnel.
Me asusta. Mis padres me llaman desde el otro lado con la promesa de una vida mejor, pero yo sigo teniendo miedo.
Temo abandonar la seguridad de la única vida que conozco. No, no quiero cruzar.
De pronto siento una paz interior que me empuja hacia el final del túnel, creo que he dejado de ser lo que era hasta ahora. Creo que abandonaré este mundo para siempre.
Atravieso la luz, siento miedo, siento frío.
Unos brazos extraños me esperan en la luminosidad que amenaza con cegarme.

Nadie me dijo que lo primero que oiría al cruzar sería mi propio llanto.

Menos mal que mi madre me acoge entre sus brazos y puedo oir sus latidos...como siempre.

Sé que estoy vivo. Ya no tengo miedo. Esto no es un final es un comienzo.