Miró a ambos lados de la calle antes de cruzar aquella puerta como si temiera que alguien descubriera el motivo de su presencia y delatara sus secretos. Su mano temblorosa empujó aquel trozo de madera esperando que consiguiera mantenerla alejada de sus remordimientos.
Despacio. Muy despacio.
Arrastrando todos sus temores para colgarlos bajo su abrigo en aquel perchero que le daba la bienvenida a un mundo desconocido y del que siempre se había mantenido apartada. Las excusas siempre habían jugado de su lado… ocultando las verdades, maquillando las vergüenzas, soportando la penitencia en ese castigo que amanecía con ella en su cama.
Respiró hondo dos, tres veces. Sintió sobre su cuerpo cuatro, cinco miradas. Devolvió seis, siete sonrisas. Contó hasta diez y alzó la voz.
_ Hola, me llamo Laura y soy alcohólica.

Aupa Angelical!
ResponderSuprimirMe ha gustado el preámbulo, preciosa frase final que pretende el inicio de un cambio.
Abrazos!!
Escandalosamente imprevisible. Un cierre genial. ¡Enhorabuena!
ResponderSuprimirGracias a los dos, le alegrais el dia a cualquiera ^^
ResponderSuprimirBesazos
Guau!!!!!!!!!!!! No me lo esperaba para nada, magnífico giro, me encantó, felicidades.
ResponderSuprimirBesotes!!
Es que la frase de inicio era buena jajajajjaja
ResponderSuprimirjajjajajjaja sí claro, será eso, mira la otra jajajajajjajaa
ResponderSuprimirTremendo final, pero tal impacto va unido al talento con el que ocultas la condición, el momento, la verdad que tanta tensión y fuerza acumulada está a punto de liberar.
ResponderSuprimirGran relato. Un abrazo
Vi la foto y me lo imaginé.
ResponderSuprimirTienes magia con los micros.
un besote
Jara