El molinero suspira aliviado ante el cambio de las modas. Ahora las madres y sus cabritillos lucen botas altas de cuero negro. Su harina está a salvo del apetito del lobo y de las lágrimas desconsoladas del escribiente.
Estoy ojiplática... Al ver la ilustración pensé que harías un alegato a la infancia, con algún cuento versionado, pero esto es mejor todavía. ¡Qué grande eres!
cuanta razon tenes! que admiracion, escribis de maravilla! lindo blog, un besssso:)
ResponderSuprimirEstoy ojiplática... Al ver la ilustración pensé que harías un alegato a la infancia, con algún cuento versionado, pero esto es mejor todavía. ¡Qué grande eres!
ResponderSuprimirBesotes.
Las microjustas han dado para mucho XDDD
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