jueves, 15 de septiembre de 2011

LA NOVIA VENDIDA



Todos me habían vaticinado un fracaso estrepitoso. La elección de Bedrich Smetana y su novia vendida había caído como un jarro de agua fría entre los posibles patrocinadores económicos de mi nuevo proyecto. Pero yo seguí en mis trece, nadando a contracorriente y llorando y suplicando cuando fue necesario para sufragar los gastos del montaje a los que mi mermada economía personal no podría hacer frente.
"Un compositor checo, con un libreto ambientado en las costumbres populares checas que, para colmo, fue estrenado en el Teatro Nacional de Praga en 1866 sin que los propios checos lo aclamaran como éxito ¿Qué pintaba aquella obra en Berlín?"
Detractores que me tacharan de loco no me han faltado pero yo sigo convencido de lo artístico que encierra la sencillez de su trama y su realización… por no hablar del impacto que causará el as que llevo guardado en la manga y que, en el momento oportuno, atravesará el patio de butacas.
Mis nervios tensan las paredes de mi estómago y la suerte está echada: comienza el primer acto.

La alegre música colma el escenario para que el ambiente festivo contraste con la figura grandilocuente y oscura del casamentero Kezal. Ejerce su oficio para la familia del joven Vasek a quien pretenden casar con Marenka.
Puedo ver el brillo en los ojos de las mujeres que llenan el patio de butacas cuando el “no” de la protagonista llena el teatro. Marenka está enamorada de Jenik y el público asiente con la cabeza cuando el casamentero abandona la escena.

El telón da un descanso a mis nervios y al martillar inconstante de mis sienes. Me alcanza el murmullo del público y mi sonrisa se anula ante las miradas severas de los que mueven la parte menos artística de este negocio. Aún es pronto para  cantar victoria.
Comienza el segundo acto.

Las tablas del escenario se han convertido en una taberna en la que se debate un tema tan antiguo como el mundo: dinero o amor.
El público se entristece con la trampa que Kezal, el casamentero, le ha tendido a Jenik . Finge renunciar a Marenka por dinero y acaba despreciado por el pueblo por la venta de la novia.

El telón vuelve a cerrarse para que mis detractores comiencen a darse cuenta, por la reacción del público, de que hay conductas y sentires humanos  que son universales, que los sentimientos son sentimientos en todos los países del mundo y que la ópera no es una manera descabellada de contarlos.
Para cuando comienza el tercer acto, mi sonrisa ya está alojada en mis labios de manera irremediable.

Se repite el decorado del primer acto  pero entra en escena un circo ambulante que alegra la plaza. Vasek se enamora de Esmeralda quien le permite actuar en la función vestido de oso salvaje.
Como en la vida real, el público mezcla lágrimas y risas ante la desgracia de Marenka frente al casamentero, hasta que se descubre que Jenik es hermanastro de Vasek por lo que el contrato con la familia puede ser cumplido.
La alegría proclamada por los actores en tan dulce final es contagiada al público por medio de la música popular hasta que un oso (Vasek) irrumpe en la escena asustando a los niños. Sentimiento que también he conseguido que se transmita al público para que puedan sentirse parte de la obra.
Y es que, mi as escondido, ha sido el oso porque en vez de disfrazar a un actor para su paseo por el teatro, alquilé un ejemplar que se llevó un buen pico del presupuesto pero que, según las caras que veo desde aquí, ha cumplido su objetivo.
Mañana, en contra de todo pronóstico, todo Berlín hablará de la ópera del oso.

*Realidades rescatadas

1 comentario:

¿Algo que decir? Adelante estás en tu casa.