lunes, 14 de noviembre de 2011

DESNUDANDO LA VERDAD



Al desvestirse no solo se despojó de sus ropas. Allí en el suelo quedaron, enredados en la tela, todos sus remordimientos. Los temores que antes la hacían desvariar ahora eran fibras hechas jirones que la contemplaban desde el suelo.
La contemplación de su piel le supo a grito liberador, a impulso interno que se desprendía por sus poros para empujarla a vivir. A volver a soñar. A dejar de temer que su mirada no la reconociese al mirar su reflejo.
Por fin, la imagen del espejo le mostraba lo que era, sin vestidos equivocados que le limitaran la piel, sin prejuicios que no la dejaran ser.
Con aquellas ropas cayó todo lo que había sido.
Su desnudez calló todo lo que había sido.

1 comentario:

  1. El problema es cuando nos creemos los disfraces que nos ponemos, nos los creemos tanto que llegan a confundirse con nuestra piel. Somos ilimitados.

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