lunes, 30 de mayo de 2011

EL OLVIDO MOJADO




Veía llover a través de la ventana, mojando sus recuerdos con lágrimas en blanco y negro, sintiendo en sus manos la ausencia de temblores de otros inviernos ya vividos.
El vaho empañaba su mente y los cristales se nublaron con sus penas recordadas. La lluvia había vuelto para ahogarle el alma y empapar aquellos nombres que ahora flotaban en el olvido. Nombres desordenados, personas emborronadas por el paso del tiempo y el caos en el que se había convertido su memoria.
La lluvia que caía era lo único que no había cambiado.
Cerró los ojos por un instante y, al abrirlos, olvidó qué significaban aquellas lágrimas que mojaban los cristales.

martes, 24 de mayo de 2011

EL PASO DECISIVO



Miró a ambos lados de la calle antes de cruzar aquella puerta como si temiera que alguien descubriera el motivo de su presencia y delatara sus secretos. Su mano temblorosa empujó aquel trozo de madera esperando que consiguiera mantenerla alejada de sus remordimientos.
Despacio. Muy despacio.
Arrastrando todos sus temores para colgarlos bajo su abrigo en aquel perchero que le daba la bienvenida a un mundo desconocido y del que siempre se había mantenido apartada. Las excusas siempre habían jugado de su lado… ocultando las verdades, maquillando las vergüenzas, soportando la penitencia en ese castigo que amanecía con ella en su cama.
Respiró hondo dos, tres veces. Sintió sobre su cuerpo cuatro, cinco miradas. Devolvió seis, siete sonrisas. Contó hasta diez y alzó la voz.
_ Hola, me llamo Laura y soy alcohólica.

miércoles, 18 de mayo de 2011

LA OTRA MITAD



Nadie había forzado la cerradura, pero su experto olfato le decía que en aquella casa se había cometido un crimen. La imagen de aquella mitad se lo confirmó.
Siempre había querido un hermano gemelo pero no estaba preparado para luchar... la naturaleza se había mostrado cruel.
La ciudad despertaba, pero lo hacía envuelta por las sombras del siamés superviviente.

sábado, 7 de mayo de 2011

METAMORFOSIS


Nació gusano y nunca se sintió cómodo dentro de su piel. Desde la atalaya de su hoja divisaba un mundo que nunca podría recorrer.
Él quería ser como aquel gusano gigante que cruzaba los campos dejando escapar destellos metálicos. Recorriendo su mundo a velocidad envidiable, atravesando paisajes que él solo podía imaginar.
Soñaba con aferrarse al movimiento imparable y conocer sus mil destinos. Compartir estaciones bulliciosas y el silencio de los viajes nocturnos.
Ahora, las alas que le habían nacido no lo hacían más parecido a él pero le permitirían compartir, al menos, uno de aquellos destinos.