viernes, 30 de diciembre de 2011

MI SEGUNDA CALABAZA


Pues para acabar el año de una manera estupendísima, acabo de recibir la noticia de que he sido escogida para un nuevo calabazas XDDD Aún no he digerido la noticia porque sigo flotando, así que mientras aterrizo os dejo la lista que compondrá "Calabazas en el trastero: Catástrofes naturales"

Chicxulub, la cola del diablo (Ángeles Mora)
El último hombre sobre la tierra (Tomás Blanco Claraco)
El último tuareg (José María Pérez Hernández)
En la orilla (Raelana Dsagan)
Fobia (Óscar Muñoz Caneiro)

In anima vili (Borja F. Caamaño)
La cruz del hambre (Pedro Moscatel)
Naturaleza uno (José Luis Cantos Martínez)
Niños de mameyes (Jorge Eugenio López-Rivera)
Noa reflejada (Jorge Asteguieta)

Noche estrellada (Pedro López Manzano)
Pangea sumergida (Juan Ángel Laguna Edroso)
Toque de difuntos (Santiago Sánchez Pérez (Korvec))

El libro contará con un prólogo, cortesía de Nocte, del escritor Miguel Aguerralde.

La publicación de este número está prevista para febrero del 2012.

viernes, 16 de diciembre de 2011

LA HISTORIA DE SU CANCIÓN




Tenía la sensación de haber escuchado tantas veces esa canción que ya su alma se la había aprendido de memoria. Era su voz interior la que siempre la había cantado y, sin embargo, su melodía cambiaba, siempre cambió a lo largo de los años.
La primera vez que la oyó estaba guardada en la parte de su cerebro donde se atesoran los primeros recuerdos, esos que olvidas que tienes; pero ella estaba segura de que sonó en forma de latidos. Cálidos, cercanos y acompasados a los suyos propios.
Después la melodía de aquella canción se volvió torpe, insegura para acompañar sus primeros pasos y su ritmo se aceleró con el transcurrir de los años. Aprendió a correr tras sus acordes, a enredarlos en sus juegos y a escribir su letra con trazos infantiles.
Con el tiempo se fue adornando con olores a primavera y el son del verano le prestó frescura, alegría y un tarareo nuevo que otros bautizaron como amor.
Fue consciente de cómo la canción se tiñó de tonos tristes y entonces no tuvo que preguntar el nombre de aquel nuevo tarareo. Sus lágrimas le contaron que se llamaba despedida.
Su canción… la había escuchado tantas veces… la cantó en su madurez, tal vez adoptando un tono demasiado monótono, tal vez cantada con prisas o sin tiempo para desmenuzar su sentido.
Pero los años siguieron pasando y llegó el día en el que su aliento se detuvo al sentir el último cambio. Comprendió que la historia de aquella canción acabaría junto a la suya propia. Ahora sonaba con notas… definitivas.
Suspiró por última vez. Cerró los ojos y abrió los oídos para que su mente agradeciera la perfección musical que quedaría prendida en el aire de aquel último suspiro. Sus notas tarareaban el adiós.

domingo, 4 de diciembre de 2011

LA VISITA MÁS ESPERADA



—Deseaba que fueras tú. Lo deseaba con toda mi alma.
Su sonrisa se perfiló en la penumbra de la habitación y se recreó en el silencio que llenaba la estancia.
Llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento… y su presencia le decía tantas cosas.
Pasó el dedo por el borde del vaso, a la espera de su respuesta, a la espera de alguna señal que le garantizara que aquella visita significaba que no la había olvidado.
Pero el silencio no se llenó con sonido alguno. Ni siquiera hubo un mínimo movimiento que delatara sus intenciones.
Supo que por fin él estaba allí, con ella, y sin embargo la distancia entre ellos era igual de grande y vacía como lo había sido durante todos aquellos años.
Asumió su silencio.
Cogió el vaso, más vacío que nunca y, tragándose sus propios suspiros, guardó la ouija en el armario.

sábado, 3 de diciembre de 2011

CAFÉ CON WOODY ALLEN




Hoy he tomado café con Woody Allen y, sin apenas darme cuenta, me ha enseñado a escribir sin pluma. En realidad, es escribir sin pluma, bolígrafo o lápiz... por no hacer falta, no es necesaria ni la lógica.

Esto me lo ha explicado mientras miraba fijamente cómo una mosca devoraba su azucarillo.
_Sólo tienes que mirar a tu alrededor _me ha dicho deshaciendo a la mosca en el café.
Mis ojos le obedecen y buscan, mi cerebro se detiene en la mesa de al lado. Un hombre con un bigotillo ridículo trata de suicidarse metiendo la cabeza en un cuenco repleto de nata montada.
Woody sonríe ante mi cara de asombro y deja de prestarme atención para aplaudir a la señora gorda que baila country sobre la barra.
Mi café se enfr4ía... sabe a insomnio, como todos los cafés del mundo que no se toman con un bombín sobre la cabeza.
Woody empieza a hablarme sobre la lógica del escritor, pero lo hace sin puntos suspensivos, prefiere guardarlos para una buena sopa porque aseguran que saben mejor. Las tildes sí van con el café, por eso las moja una a una, deleitándose con el sabor de cada una de ellas.
Sus gafas se han iluminado de forma repentina. Es una luz absurda para esta época del año, pero a él parece no importarle y decide comprobar qué tal combina el café con el sabor de mis pestañas.
Dice que sabe a lógica, que tengo que deshacerme de ellas (de todas) si quiero llegar a escribir. Decido hacerle caso, después de todo, él sí entiende de este arte.
Me ofrece una botella de absenta en la que ya nadan otras pestañas.
Hago mi ofrenda.
El hombre del tazón de nata hace un alto en su suicidio y me ofrece su bigote. No sé muy bien qué quiere que haga con él, así que lo guardo en el bolsillo de mi pijama... nunca se sabe cuándo una va a necesitar un bigote ajeno.
Woody se ha bebido un trago de la absenta "empestañada" y ahora recita a Shakespeare en burundés, no sé si en Burundi se habla burundés pero es a lo que me suena su voz, sus puntos suspensivos y sus tildes.
La señora gorda ya no está sobre la barra. Ha desaparecido. Mi ilustre acompañante dice que seguramente ha hecho una de esas dietas modernas se adelgazamiento y ahora estará buscándose en algún reflejo de algún espejo de algún suburbio de   Nueva York.
Le confieso al Sr. Allen que nunca he estado en la Gran Manzana.
_Es fácil. Para llegar sólo tienes que ir.
Se termina su café (y el mío) y me hace un croquis para que aprenda a comer manzanas.
_Todo es cuestión de ensayo y perseverancia y comer fruta no iba a ser diferente... a menos que seas un gusano, claro ¿eres un gusano?
Niego con la cabeza y mi mano rebusca en mi bolsillo. Me pongo el bigote sobre el labio para demostrárselo. Una cosa es ir sin pestañas por la vida y otra muy distinta que te confundan con un gusano.
_Si hay gente que cree que existe Dios ¿por qué no voy a creer yo que tú no eres un gusano?
La palabra Dios se le cristaliza en la boca y ha estado a punto de atragantarse un par de veces.
En algún lugar suenan campanas, tocan alguna sinfonía cuyo núme4ro nunca consigo recordar y Woody Allen decide dar por terminada nuestra cita. Se va.
Sube calle arriba  para bajar en la misma dirección por la que llegó. Se aleja silbando "Carros de fuego" y le veo tropezar con su propio silbido.
Mis orejas lloran desconsoladamente, quizás, por el afán de parecerme a algún personaje suyo.
Lo cierto es que me he quedado sola y los consejos recibidos se me caen en una alcantarilla que algún literato desaprensivo ha dejado abierta.
En fin... igual no es tan fácil que te llamen genio.