miércoles, 29 de agosto de 2012

DESVARÍOS DE VERANO


 Las terrazas, las cervezas y los niños alborotando alrededor, son una estampa típica del verano. En una de esas terrazas, con una de esas cervezas y con dos niños alborotadores de esos improvisamos un taller de cuentos en el que meter las rimas simplonas que iban surgiendo. Así nacieron la serpiente sin diente, el gorila lila o el caracol simplón y os los dejo por aquí porque me parece una manera estupenda de que el blog se vaya desperezando de la pereza veraniega XDD


 
 
Búsqueda animal por Chema Márquez

Las serpiente sin dientes iba caminando por una pendiente, cuando de repente se le perdió un pendiente. Abajo de la pendiente vio al delfín Sinfin que, como su nombre indica, no tenía fin.
El delfín iba caminando cuando de repente tropezó con Relente: era un bache marrón pero, de pelo, le sobraba un montón. El bache era el mapache de los baches que caminó y se encontró con su anfitrión, el león cagón. De repente vio un montoncito que resultó ser el gatito tontito, que estaba con el patito chiquitito.
La serpiente sin dientes dijo: “Oye, que estamos buscando mi pendiente”. Le preguntaron al gatito tontito y al patito, pero los dos negaron sin compasión.
Entraron en una casa y, detrás de la mantequera, resultaba estar la pantera Entera. Le preguntaron y ella contestó: “¿Dónde habéis mirado?” Y de repente todos recordaron dónde estaba el pendiente. Fueron a la pendiente y justo allí encontraron el pendiente.




El gorila lila y sus colores por Paola Candón

El gorila Lila se puso a llorar pues los de su especie lo quisieron rechazar. Se puso a pensar y dio con la solución.
Entonces se encontrón al león Huevón. El león Huevón le dijo: “¿Qué te pasa?” y el gorila Lila se lo explicó... Mientras se lo explicaba, se encontraron a la gallina Gustafina y fueron los tres.
El gorila Lila ideó un plan, pues se lo explicó a los dos y ellos le dijeron: “¡Qué buen plan!” Y el plan era tirarse un cubo de pintura negra.
Ellos vivían en un zoo, claro, que estaba en la ciudad.
El gorila Lila dijo: “Tendremos que ir por la noche y...”. La gallina Gustafina le interrumpió y dijo: “En todas las tiendas hay una alarma, siempre hay una alarma y más aquí”
El gorila Lila se puso a pensar y llegó la noche en un pispás. La gallina Gustafina dijo: “Ya es la hora” y entonces se pusieron en marcha. Les pillaron a los tres pero escaparon y fueron a la tienda de pintura. El gorila Lila recordó la advertencia de la gallina pero se tiró contra el cristal. Empezó a sonar la alarma, cogieron la pintura, se fueron y se metieron en el zoo. Se untó la pintura en el cuerpo y vivió feliz con los de su especie.



 El paseo del calamar Baltasar


El calamar Baltasar
decidió salir a pasear
y al no saber por dónde comenzar,
simplemente, se dedidó a deambular.
En su paseo se encontró
al caracol Simplón
que andaba triste y llorón
porque había perdido su caparazón.
_¿Dónde lo habré olvidado?
No recuerdo dónde lo he dejado.
El calamar Baltasar se ha parado
al ver al caracol tan apenado.
_No te preocues, buscaremos juntos
le preguntaremos al pulpo de los gayumbos.
En busca del pulpo se fueron ambos
y lo encontraron junto a los juncos.
_¿Has visto la casa del caracol?
El pulpo, con la cabeza negó,
mientras sus patas se enredaban con una cinta
y, sin querer, se le escapaba la tinta.
Un poco avergonzado, se despidió urgente
y les dijo que preguntaran por la serpiente con pendientes.
El calamar animado y el caracol triste
se fueron a buscar a la coqueta serpiente.
Buscaron en lo alto del cerro,
en el pantano lleno de barro
y hasta en la madriguera del zorro.
El zorro con morro los recibió
contento de poder hacer de anfitrión,
pero les dio un notición importante:
no conocía a la serpiente con pendientes.
Tristes, se fueron caracol y calamar
siguieron andando juntos
como les dijo el pulpo de los gayumbos
para que la serpiente les pudiera ayudar.
Agotaron el camino, llegaron a su fin
y allí encontraron al puercoespín Serafín.
La serpiente había desaparecido
nadie sabía dónde estaba o dónde había ido,
así que buscaron al grillo pillo,
que todos sabían que, además de listo, era amarillo.
Siguieron el sonido de su cri-cri
a través del corral del gallo
y lo encontraron al lado de un caballo
que se sacudía su crin.
Resultó ser el caballo con callo
que para aliviar su dolor, había cogido la concha del caracol.
El caracol Simplón, enfadado,
cogió su caparazón y se lo puso indignado.
_¡Habrase visto semejante descarado!
El caballo con callo pidió perdón
y el calamar Baltasar pudo regresar
y terminar de pasear.