domingo, 24 de noviembre de 2013

INTOLERANCIA A LA LACTOSA




La vio en el supermercado, empujando un carrito que iba llenando con los detalles que formaban su vida cotidiana.
Ana se paró en seco, observándola, dispuesta a rehuirle la mirada aunque no existiese la posibilidad de ser reconocida.
La otra mujer atravesaba las calles envuelta en un aire de normalidad que ella, por un instante, llegó a envidiar. Decidió seguirla, necesitaba descubrir la huella que la ausencia había dejado en su vida… tenía que haber alguna… Si la vida de Ana se había transformado, la de aquella mujer también había tenido cambios, nadie vive una cosa así y sigue adelante como si no hubiera pasado nada.
La otra se paró junto a la joven que ofrecía una degustación de quesos. Probó uno, dos, tres tipos diferentes con un gesto de aprobación y deleite. Se chupó los dedos y sonrió.
Ana observó el gesto desde la oferta de detergentes. A aquella mujer no le importaban las apariencias, nunca se había preocupado por el qué dirán y eso marcaba una gran diferencia entre ellas dos.
Caminó siguiéndola hasta la calle de los lácteos. Leche de soja. Cuatro briks de leche de soja. Costumbre adquirida, reminiscencia de un pasado que dolía.
Ana miró el contenido de su propio carro. Dos briks de leche de vaca. Dos briks de leche de soja. Recordatorio de un presente al que intentaba acostumbrarse.
Abandonó el supermercado y al llegar a casa, la sonrisa de Rubén la recibió como todos los días desde hacía un año. La balanza con los remordimientos, se equilibró una vez más con el amor que sentía por aquel hombre.
_Hoy he visto a tu mujer, sigue comprando leche de soja…


2 comentarios:

  1. Cómo me ha gustado esta intolerancia a la lactosa y la forma de hilarla con historias viejas y nuevas. Será también que lo miro desde mi intolerancia al gluten y a la estupidez.
    Te felicito.
    Un abrazo,

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  2. A la estupidea deberíamos ser todos intolerantes jajjajajja
    Bienvenida a mis realidades ^^

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