lunes, 24 de febrero de 2014

HASTA SIEMPRE, PRINCESAS



Hoy os traigo, con formato de vídeo, un adelanto de lo que será mi próxima publicación: Una antología en la que la mujer es la absoluta protagonista. Próximamente os enseñaré el elenco de escritores que, de la mano de Jose Luis Cantos, la han hecho posible.


martes, 4 de febrero de 2014

SIETE AÑOS DE INDIFERENCIA







La carretera, oscura y solitaria, se abre ante nosotros. Nuestras respiraciones empañan los cristales de las ventanillas y las gotas de lluvia se convierten en agujas de plata que atraviesan la luz de los faros.
La música decora el silencio tras los ecos apagados de la última discusión.
Ernesto conduce como si viajara solo, como si yo hubiese desaparecido y los insultos, los reproches y la indiferencia fueran andrajos de un traje de ayer que solo incomoda.
No soy más que un harapo sin importancia ensuciado a base de mentiras. Hace años que lo sé.
Las palabras siguen acalladas pero su recuerdo es demasiado reciente para que el dolor desaparezca.
Quiero terminar de una vez…
El destino escucha mi deseo, la carretera se nos queda pequeña. Invadimos un abismo oscuro mientras las luces giran iluminando un mundo que da vueltas sobre nosotros.
Hierros retorcidos y cristales rotos. Parecemos un par de muñecos desmadejados que alguien olvidara.
La mirada de Ernesto es más indiferente que nunca.
Le llamo. Su voz me responde en forma de sangre que gorgotea escapando de sus labios.
Muerto. Ernesto está muerto.

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Abro los ojos y todo está oscuro. Mi cabeza aún flota en algún lugar entre la confusión y la consciencia.
Siento a mi lado una respiración acompasada.
Mi mente recuerda.
Un sueño. Sólo ha sido un sueño.
Ernesto duerme junto a mí. Abrazado a su almohada, como siempre, lo único abrazable en esta cama.
Vivo. Está vivo.
Dicen que al soñar con la muerte de alguien le otorgas siete años más de vida. ¡Siete años más! Siete años más de insultos, reproches y mentiras.
Mientras aprieto con todas mis fuerzas la almohada sobre su cara, una frase se repite en mi cabeza como un mantra fortalecedor:
Siete años de indiferencia.