martes, 1 de noviembre de 2016

JUEGOS DEL AYER





JUEGOS DEL AYER

Ya no podía llamarse escuela. Los cristales rotos, el polvo y la ausencia de puertas habían convertido en ruinas el escenario de su infancia. Ya no olía a mañanas de tiza ni a tardes de trabajos manuales.
Puso otro rollo de película y accionó el viejo proyector. Los cambios de luz llenaron el aula; risas y canciones infantiles regresaron a su vida sin miedo y el paladar de los recuerdos volvió a llenarse de sabor a patio de recreo.
Los niños de ahora no saben aprovechar la infancia como los de antes.
Él los enseñaría. Les obligaría a ver aquellas películas hasta que aprendieran a ser niños como es debido.
Giró la cabeza hacia los pupitres que se iluminaban por la proyección. En ellos, niños sentados. Con las gargantas abiertas al aprendizaje. Con los cuerpos mutilados por los juegos desperdiciados y los ojos, sin vida, fijos en la lección que debían aprender.




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