On line

Algunos relatos que se han ido publicando en la red y que se pueden leer on line.



LA VIEJA DE LA TÚNICA


Vestía una túnica de mangas largas, como si siempre tuviese frío. Su entrecejo permanecía fruncido constantemente, ofreciendo una imagen ceñuda que anunciaba su carácter poco amigable. Su aspecto era invariable, a pesar del cambio de estaciones o de las situaciones sociales en las que se viera envuelta.


Aquella túnica andrajosa y de color indefinido se había convertido en su seña de identidad: era lo primero que captaba la atención de los demás y lo que prevalecía en la memoria de todo aquel que se cruzaba con ella. Su carácter agrio y su rostro malhumorado pasaban a un segundo plano, ocultos bajo la tela, y todos la acabaron conociendo como la vieja de la túnica. Simplemente. Sin nombre, sin apellidos, sin otra identidad que aquella que le procuraba su curiosa indumentaria.



TERAPIA DE CHOQUE


El cuerpo de aquella muchacha, en aquel instante, semejaba a un muñeco de paja. Sus brazos caían desmadejados por un lateral de la cama y su pelo revuelto ocultaba su cara. Las sábanas tapaban el resto de su cuerpo como si hicieran un favor al resto del mundo retrasando la imagen que se escondía bajo ellas.

Allí no había nada que preguntar, no había nadie que pudiera responder. Los pequeños detalles que despedían a una mujer bonita gritaban rotundos desde la decoración de aquella habitación. La misma habitación que hasta entonces había formado parte de un hogar y que ahora guardaba el recuerdo sucio contra el que tendría que luchar para conciliar el sueño. 


ENTRE MUROS BLANCOS


Jaime prestó atención a los sonidos que llegaban desde las habitaciones contiguas.

—Si cierras los ojos desaparecerán, si cierras los ojos desaparecerán, si cierras los ojos desaparecerán...

La misma frase de siempre, recitada con aquel ritmo de letanía que se modulaba continuamente desde un murmullo hasta un grito colérico. La vecina del pabellón 2A.
Cuando apagaban la luz, la voz inconfundible del habitante del 2C se convertía en un llanto incontrolado al que acompañaban invariablemente las palabras:
—¿Hay alguien ahí? ¿Quién eres? ¡¡¡Quién eres!!!
Los pasos profesionales resonaban por el pasillo, levantando ecos que vigilaban los trastornos del sueño.

(Seguir leyendo)



MIRADAS EN ALTA MAR


El aire del puerto me golpeaba las mejillas con aroma a tripas de pescado y a lágrimas de despedida. Los infantes se agarraban a las faldas de sus madres para ver zarpar a sus padres en medio de una ceremonia que no acababan de entender. Yo, en el fondo, tampoco la comprendía. Para mí era solo un principio, un nuevo punto de partida que me permitiera alejarme de todo y de todos.

No hubo despedidas para mí, ni lágrimas, ni deseos para una feliz travesía. Solo la inmensidad del mar repararía en mi presencia… solo alguna costa solitaria me daría la bienvenida cuando mis pies volvieran a posarse sobre tierra firme. Mientras, como únicos testigos de mi soledad, un cielo punteado de estrellas y una luna que, cómplice involuntaria, guardaría mis secretos.

(Seguir leyendo)



ZUMBIDOS

En cuanto salió a una calle más amplia sintió otra vez un zumbido tras ella. Nada de voces gritando ni de ruidos atronadores, sólo ese zumbido que parecía llegarle de todas partes y, al mismo tiempo, era como si naciera del interior de su cerebro.

Miró alrededor, nada parecía producirlo, la vida de aquella avenida era la de siempre y las personas que caminaban por ella, bajo la puesta de sol, no parecía soportar molestias fuera de las normales: el tráfico, las prisas y el anonimato entre tanta gente que sigue la misma dirección. 
(Seguir leyendo)


LA TRINCHERA DE LOS BESOS ROBADOS


(Carta de amor)

Querida Inés: La noche ha sido larga y ahora la luz del sol no me deja dormir, así que aprovecho esta tregua para escribirte unas letras que te hagan saber de mí.

Quizás, mezclado con la tinta de mis palabras, te llegue algo del polvo de esta trinchera... no me gustaría. No quiero. Prefiero mantenerte alejada de este campo de batalla pero, a veces, cuando ya no puedo más, dejo escapar tu recuerdo y tu risa se mezcla con el silbido de las balas. 

No te imaginas cuánto bien me haría el sentirte cerca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Algo que decir? Adelante estás en tu casa.